Opinión

Quienes deciden callar

López Obrador y su séquito llevan a la democracia a sus límites, pretenden transformar aquellas leyes que estorban para asegurar espacios clave durante la segunda parte del sexenio.
domingo, 25 de abril de 2021 · 17:51

Los mecanismos institucionales diseñados por la democracia mexicana que permitieron quitar el poder unipersonal-unipartidista que prevaleció durante el siglo XX, hoy padecen un ataque constante dedicado a debilitar contrapesos, a cuestionar y desafiar autoridades, a poner en tela de juicio incluso su existencia y necesidad.

Que un partido político lance ese tipo de acusaciones no es nuevo y, aunque paradójico, es parte del propio juego democrático, en su forma más perversa; que sea parte de una agenda en la que el titular del Ejecutivo toma bando y suma la voz presidencial a la descalificación resulta, a todas luces, preocupante para la salud de la propia democracia.

El INE, el Tribunal electoral, la Suprema Corte, la Cámara de Diputados y el Senado: el “carro completo” de López Obrador pretende abarcar esferas, niveles y órganos de gobierno y poder, nostalgia y resurgir de un pasado no lejano cuando el Estado equivalía al Partido y este al presidente.

Surgen las resistencias, heroicas y audaces en ocasiones; también la vileza de las complacencias, de quienes eligen la comodidad aunque humille antes que quedar excluidos por no acatar la voluntad del líder. Tibiezas en momento y circunstancias que exigen determinación; decisión de alzar la voz y denunciar y establecer los diques necesarios para que la voluntad presidencial no arrolle ni se imponga como única voz.

López Obrador y su séquito llevan a la democracia a sus límites, pretenden transformar aquellas leyes que estorban para asegurar espacios clave durante la segunda parte del sexenio, experimentan en Baja California expropiaciones, extensión de mandatos, compra de voluntades del Congreso, de la oposición, para usar al estado de la primera alternancia democrática como conejillo de indias del nuevo autoritarismo.

Son los pasos a seguir de un manual de desmantelamiento institucional, de implantación de un régimen que no escatima en manipular la ley, en presionar al propio sistema, en invadir desde el poder las esferas de las libertades para acomodarlas y utilizarlas a su conveniencia. 

Y sí: el silencio del Ministro Zaldívar; la complicidad del titular del Tribunal electoral, José Luis Vargas; la omisión constante de Rosario Piedra Ibarra en la Comisión de Derechos Humanos; el uso faccioso de la inteligencia financiera como arma política contra rivales y críticos de la oposición; la polarización reiterada como ambiente de crispación, de incertidumbre…

Todo ello contribuye a enrarecer la vida pública, a poner a prueba la fortaleza institucional de nueva cuenta, a propiciar un desgaste generalizado de la autoridad electoral en un momento en que se desarrollan elecciones en todo el país… Regreso a un México que no se resigna a mirar el futuro y voltea al pasado de un régimen que, no hay que olvidar, terminó entre el asesinato de un candidato presidencial, de un jerarca de la Iglesia católica y un presidente de partido, una crisis económica y una guerrilla en la selva Lacandona.

De esa época de incertidumbre pudo emerger un sistema que aseguró la estabilidad que ha gozado el país durante los últimos 18 años. Y pudo hacerse porque quienes eligieron estar al frente supieron construir, sumar, consolidar un espacio público donde coincidió el gran objetivo de diseñar e implementar la democracia: supieron alzar la voz, decir hasta aquí, dar un paso al frente cuando fue necesario.

Es la capacidad, la voluntad, la determinación y la audacia lo que se pone a prueba en tiempos como los que atraviesa el país: tiempos inciertos, de intento de transformaciones profundas y complejas, tiempo de vigencias que terminan y paradigmas que llaman a pensarse desde la pluralidad y la complejidad.

Tiempo, ante todo, de entender, con Sabino Bastidas Colina, que los sistemas caen por la omisión de quienes pudieron y decidieron no actuar, que “las democracias no mueren a manos de un autócrata o de un dictador… Las democracias siempre mueren por la complicidad, negligencia e ingenuidad de toda una generación” (El País, 23/04/21).

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @altanerias

 

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