Opinión

La terraza del Gran Hotel de la Ciudad de México

La imponente vista de la catedral, acompañada de una silenciosa noche y el Palacio Nacional, abrieron el corazón y los ojos a una bella experiencia.
viernes, 16 de abril de 2021 · 14:16

Amante del Buen Comer

Hay lugares que encantan, que enamoran, que trascienden. Hay lugares que nos remiten a épocas, que por sí solos, nos cuentan historias y nos permiten vivir momentos únicos e irrepetibles.

La Ciudad de México tiene muchos rincones así. El centro histórico de la capital nacional, cuenta con innumerables lugares mágicos que por sí solos cuentan historias. La plaza de la Constitución, Mejor conocida como el Zócalo, alberga en cada uno de los recintos que la rodean, historias vivas de nuestro pasado prehispánico, de nuestra época colonial, de nuestra historia independentista y de nuestro presente. 

Y es justo ahí, con su mirada frente al Palacio Nacional, a su izquierda la catedral de México y a la derecha antiguos edificios gubernamentales, que encontramos el famoso Gran Hotel de la Ciudad de México. 

Edificado originalmente para ser un centro comercial de telas y sombreros en la época del porfiriato, incluso inaugurado por el propio General Díaz, el Gran Hotel de la Ciudad de México es uno de los primeros recintos Art Noveau de México,  junto con el Palacio de Bellas Artes y el Palacio de Correos. Su edificación tipo castillo europeo, cuenta con el segundo elevador que llegó de México (y que si se es huésped del hotel se pueden utilizar) así como la joya de la corona, su techo custodiado por el vitral estilo Tiffany. Definitivamente, uno se siente sumergido en una película de época al momento de ingresar. 

 

Sí bien me encantaría hablarles del hotel por si solo, esta columna se caracteriza por compartir sobre temas gastronómicos. Y es aquí donde hablaré de La Terraza, uno de los restaurantes de este hotel.  

Ubicada en el cuarto piso, La Terraza ofrece a sus comensales una carta amable, llena de sabor, representativa de nuestro país, misma que va acompañada de un excelente servicio por parte de su personal y, de lo mejor, una vista inigualable a la plancha del Zócalo. 

Siguiendo todas las medidas de seguridad, llegamos a la hermosa terraza. La imponente vista de la catedral, bellamente iluminada, acompañada de una silenciosa noche y el Palacio Nacional con su gallarda presencia, abrieron el corazón y los ojos a una bella experiencia.

La noche ameritaba acompañarla con algo digno, una botella de Merlot de Monte Xanic fue destapada con mucho gusto y deleitada con mayor placer.

Mi cena fue la denominada “sabores de primavera”. Tres deliciosos tiempos, precisos y gentiles, desfilaron frente a mi.

Mi entrada fue un tiradito de salmón y mango acompañado de aceite de ajo y sésamos negro, fresco y cadencioso, abrieron amablemente el apetito.

 

Mi plato fuerte fue un delicioso pulpo al pastor acompañado de una crocante costra de queso parmesano y pasta clásica al tomate. Cada bocado fue maravilloso.

El cierre de la noche estuvo a cargo de un rico pastel mil hojas con helado de vainilla. Fascinante.

Obviamente las fotografías no se dejaron esperar, la charla rica y la noche abrazadora, hicieron del momento uno digno de recordar. Así pues, mis queridos amantes del buen comer, de las grandes vistas y del buen servicio, si tienen la oportunidad de visitar el centro de la CDMX, no olviden pasar a deleitarse al Gran Hotel de la Ciudad de México, y si pueden hospedarse ahí, mejor.

¡Buen Provecho!

Amante del Buen Comer®

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @adelbuencomer

 

 

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