Opinión

8M, Día Internacional de la Mujer

El 8 de marzo sirve para visibilizar aquellas condiciones que aún siguen siendo una cuenta pendiente dentro del sistema jurídico-penal y dentro de los ámbitos familiar, social, laboral, educativo, sexual o reproductivo
domingo, 7 de marzo de 2021 · 18:24

Está es la segunda ocasión que tengo la oportunidad de escribir en este espacio, algo que agradezco a Eduardo, quien cede de nueva cuenta una de sus columnas a una voz feminista.

La primera fue justo hace un año por estas fechas, impulsada por la oleada del movimiento #MeToo y por el feminicidio de Ingrid Escamilla, un caso que cimbrara a la capital del país y que hoy ha dado origen a la #LeyIngrid.

En esta ocasión me gustaría hablar entorno a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, que se ha convertido en los últimos años en el movimiento feminista del 8M, y que ha llevado a miles de mujeres a salir a las calles para denunciar los graves niveles de violencias que se ejercen en contra de nosotras las mujeres y para reclamar condiciones de igualdad para hombres y mujeres.

El 8 de marzo es una fecha importante dentro de la agenda feminista para visibilizar aquellas condiciones que aún siguen siendo una cuenta pendiente dentro del sistema jurídico-penal y dentro de los ámbitos familiar, social, laboral, educativo, sexual o reproductivo, sin embargo, también suele ser una fecha utilizada por actores políticos e institucionales para posicionar un frente “pro mujer” dentro de la agenda pública y social, trastocando el origen del movimiento y creando esta idea de “festejo donde se suele celebrar a la creación más bella del universo”. Lejos de la falsa idea utilitaria de usar a las mujeres como bandera de lo políticamente correcto o inclusivo, lo cierto es que es una fecha que nos recuerda (gracias a los movimientos feministas y no a los políticos oportunistas), que todavía las mujeres no tenemos mucho que celebrar.

Comúnmente se piensa que las mujeres estamos sobradas de derechos y de atención pública. Que mucho hemos logrado y que mucho se nos ha empoderado. Y estas ideas vienen de personas que reflexionan acerca de los espacios y posiciones donde hoy tenemos presencia, desde las muchas facetas donde nos desarrollamos y desde donde muchas mujeres luchan por cerrar la brecha, para abrir espacios feministas en condiciones de igualdad. Pero estos espacios desde donde se muestra la cara femenina de lo público y lo privado, no pueden contarse precisamente como logros dentro de las cuotas de poder, si el espacio, puesto o encargo, no esta acompañado de una toma de decisiones verdadera, desde donde no existe una transversalidad en la asignación de responsabilidades o desde donde las mujeres no son provistas de los mecanismos y recursos económicos y materiales, para emprender acciones en ejercicio de ese poder.

Se debe desterrar la idea de que las mujeres “no la tenemos más fácil ahora”, simplemente se han reclamado y conseguido más espacios paritarios dentro de las élites de gobierno o partidistas, y se han visibilizado mayormente los distintos tipos de violencias que padecemos, en los distintos espacios en los que nos desarrollamos. Prueba de ello, es que como lo señala la ONU (2021) todavía existen restricciones legales que impiden a 2 700 millones de mujeres acceder a las mismas opciones laborales y salariales que los hombres. Que las mujeres representan el 70% de la pobreza en el mundo, que menos del 25% de los parlamentarios eran mujeres en 2019 y que una de cada tres mujeres sigue sufriendo violencia de género.

Pero en México la situación puede llegar a ser más grave. En el país de los 10 feminicidios al día, las Estadísticas a propósito del Día Internacional de la Mujer datos nacionales se menciona que de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2018, se resalta que de la población de 15 años y más, 6 de cada 10 personas sin educación son mujeres, menos de la mitad de las mujeres (44.1%) están afiliadas alguna institución de salud, y de acuerdo con PNUD de cada 10 personas de 25 años o más que trabajan como funcionarias, legisladoras y autoridades gubernamentales, 4 son mujeres. Las estadísticas detallan además, que la población ocupada de 25 años y más cuya ocupación es funcionarios y directivos de los sectores público, privado y social; las mujeres (34.7%) tienen una menor presencia que los hombres (65.3%). Además, que a partir de los 45 años la brecha entre hombres y mujeres en estas ocupaciones se va haciendo más amplia.

Pero no sólo esta el enfoque de lo público, también en los espacios privados y familiares las mujeres somos víctimas más comúnmente de distintos tipos de violencias, en México el 99% de los casos de violencia en contra de las mujeres queda impune, los espacios que deberían ser considerados como seguros como el hogar o las escuelas, son donde más delitos de agresión y violencia se cometen, muestra de ello es que los casos de violencia intrafamiliar y de género aumentaron peligrosamente durante los meses más duros de cuarentena en México por la pandemia del COVID-19 y estamos más expuestas a ser víctimas de acoso laboral o callejero. Sin contar que muchas de las mujeres que han tenido que quedarse en casa para realizar actividades laborales a distancia, han tenido una carga de trabajo mayor que al de los varones, casi el 80% de las madres han sido las principales responsables de hacer las tareas del hogar durante esta pandemia.

Y es que además esta el hecho de que los espacios que tradicionalmente han sido destinados a los varones, y donde ahora podemos ver mayor presencia femenina, como por ejemplo el ejercito, la marina, en la seguridad pública o la policía, han tenido al menos en los últimos años, un incremento en la matricula de mujeres que se adhieren a estas corporaciones; sin embargo, muy pocas mujeres ostentan puestos de mando o de liderazgo al frente de puestos estratégicos y ni hablar del actual gobierno federal, donde tenemos por primera vez al frente de la Secretaría de Gobierno a una mujer, la ex ministra en retiro Olga Sánchez Cordero, pero con tan poco impacto en los posicionamientos e ideologías que suele tener nuestro presidente ante los movimientos o reclamos de grupos feministas, como lo expresará hace poco con la frase “ya chole”, ante los cuestionamientos por la candidatura al estado de Guerrero del político Félix Salgado Macedonio, acusado por delitos de agresión sexual en contra de mujeres.

En ese sentido, es que resulta más que pertinente seguir en la lucha por el reconocimiento y pleno ejercicio de nuestros derechos, de la visibilización de los distintos tipos de violencia, y de la toma de espacios en lo público y lo privado, que nos permitan acceder a procesos en igualdad de condiciones. La pandemia hará mucho más complicada la movilización de la marea feminista que pintó de violeta las marchas del 8M en las calles de las principales ciudades de México y el mundo durante 2019 y 2020, pero sin duda este año el movimiento no está muerto, está ahí más fuerte que nunca, fortaleciendo a las miles de mujeres que hemos salido del anonimato, la ignominia y la violencia; que hemos denunciado condiciones injustas e inequitativas aún y cuando el precio sea alto, aún y cuando se nos ha callado, minimizado y ridiculizado.

Que si bien la luchas no es ni será, de mujeres contra hombres. Si es una lucha contra el patriarcado y el machismo, y contra aquellos que se resistan a reconocer que tras siglos de anteponer el ejercicio y la participación de las mujeres, es momento de reivindicar la lucha de miles de mujeres que hicieron y harán posible una sociedad más justa para nosotras, sin violencia y en equidad de condiciones. No existe otra formula para la recomposición del tejido social, ni para el desarrollo integral de los estados que la del trato y respeto mutuo. No queremos ni más ni menos, sino lo mismo que reciben los hombres.

Cristina Rumbo Bonfil

@RumboCristina

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