Opinión

Violencias cotidianas y violencia política

El asunto es que al Presidente le debemos exigir más que a cualquiera de nosotros, su entendimiento de la problemática debiera ser profundo y sus propuestas para enfrentarla tienen que ir más allá de la resistencia.
domingo, 21 de marzo de 2021 · 19:11

Al día siguiente de que Enrique Peña Nieto fue declarado ganador de la elección presidencial de 2012, en el marco del movimiento #YoSoy132, muchos salimos a las calles en la Ciudad de México. Rumbo al monumento a la Revolución, al pasar por las instalaciones del PRI nacional, lo natural fue rayar mensajes de descontento en una serie de mamparas colocadas alrededor de la reja que resguarda el edificio.

Cuando a alguien se le ocurrió, de maneras aislada, aventar una piedra hacia el interior de la reja, la aplastante mayoría frenó la acción de inmediato. Más aún, para sorpresa de propios y extraños, al día siguiente grupos de estudiantes se organizaron para ir a borrar las pintas en ese y otros sitios por donde había pasado la marcha. A partir de ese momento, hasta el punto culminante de la represión del 1 de diciembre de 2013, los encapuchados fueron tomando mayor protagonismo en las manifestaciones hasta el punto de inhibirlas.

Se habló de una estrategia de infiltración por parte del gobierno peñista y de la entonces administración local encabezada por Miguel Ángel Mancera. Grupos violentos reducidos buscaban la confrontación con la policía, quemaban inmobiliario y saqueaban tiendas de conveniencia. Así, justificaban la represión inmediata hacia todos y, eventualmente, se lograba una notoria disminución en la cantidad de asistentes a las marchas. Lo mismo ocurrió con las manifestaciones en la capital del país con motivo de la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa, Guerrero.

A quienes analizamos con ese tipo de referentes las movilizaciones actuales, la capucha nos puede resultar sospechosa. Incluso los reportes desde dentro de la movilización dan cuenta de las mismas estrategias de infiltración por parte de las autoridades. A la par de esas acusaciones, es notoria la intención de la oposición actual, cargada hacia la derecha del espectro político, de montarse en la coyuntura de manera oportunista. Se desconoce hasta dónde están dispuestos a llegar, y también se ha sugerido que pueden estar detrás del financiamiento a grupos de choque.

Por encima de esas sospechas, desde hace un año quedó clara una postura generalizada a favor de la acción directa, la intervención del inmobiliario público o la iconoclasia. Con la frase “fuimos todas”, las mujeres han establecido que si bien no todas dentro del movimiento feminista comparten las estrategias de quienes portan la capucha, la rabia en este país está justificada y el valor de quienes enfrentan a la autoridad e incomodan con sus métodos de protesta, está respaldado por muchas más.

Hemos llegado a un punto en que las urgentes causas trascienden el oportunismo de partidos políticos y el comportamiento de grupos de choque. Los relevante es la denuncia de la violencia de género en el país y lo urgente es transformar esa realidad. A todos nos agarró por sorpresa este momento histórico. Muchos creíamos que los machos eran otros, los prototípicos. No habíamos escuchado sobre nuestras agresiones cotidianas, sobre responsabilidad afectiva. Cuesta trabajo dejar de exigir explicaciones e iniciar la introspección, así como dialogar con las compañeras que quieren hacerlo.

No es sencillo dejar viejas afrentas compendiadas en la justificación de que todos hemos sufrido violencia, pero tampoco enfrentar la reacción de congéneres que nos recuerdan que antes no opinábamos así (de paso nos recuerdan episodios de nuestra vida). Pensaba en todo ello mientras encontraba una justificación generacional para el poco entendimiento que el Presidente muestra de conceptos como el pacto patriarcal.

También alcanzo a entender lo sospechoso que le resulta la intensificación de las protestas feministas a partir de su llegada al poder. El asunto es que al Presidente le debemos exigir más que a cualquiera de nosotros, su entendimiento de la problemática debiera ser profundo y sus propuestas para enfrentarla tienen que ir más allá de la resistencia. O modifica el discurso e inicia las acciones contundentes o se enfrentará a una oposición real y convincente. Hay que estar a la altura de este momento histórico también, aunque no fuese parte de su relato y su plan originales.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @achelnthebstrds

 

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