Opinión

Lo que el presidente de verdad quiere decir

El presidente López Obrador podría estar tocando las puertas de una crisis de gobernabilidad más allá de una crisis comunicacional.
miércoles, 17 de marzo de 2021 · 17:36

La relación con la población de un gobierno depende, entre otros elementos, de la comunicación que mantiene. Es unidireccional, del gobierno a los gobernados. Debe ser eficiente y proporcionar respuestas claras. Debe tener un objetivo estratégico perfectamente definido. En consecuencia, una buena comunicación debe contribuir a mantener las condiciones de gobernabilidad.

La gobernabilidad, de acuerdo con el Sistema de Información Legislativa, se refiere a la relación que se manifiesta cuando existe un estado de equilibrio en el ejercicio del poder político derivado de la solución de demandas sociales y la capacidad de los gobiernos de atender éstas de forma eficaz, estable y legítima. Así que, hablando de la gobernabilidad, los conceptos clave son: solución de demandas sociales y capacidad de atenderlas eficaz, estable y legítimamente.

El caso de la escalada en la violencia de género que hoy culmina con la muerte de 10 mujeres al día, el presidente López Obrador no ha logrado establecer una solución a las demandas de la sociedad mexicana, particularmente de los movimientos feministas.

 

No ha dado muestras de tener capacidad de atenderlas eficazmente, aunado a ello, su estrategia de comunicación ha dado a entender que no hay voluntad política para solucionar esta problemática.

El presidente López Obrador podría estar tocando las puertas de una crisis de gobernabilidad más allá de una crisis comunicacional.

Retomando la definición del Sistema de Información Legislativa, existen dos supuestos que señalarían la antesala de una crisis de gobernabilidad:cuando los gobernantes son incapaces de llevar un gobierno legítimo y enfrentan descontento y presión social de los gobernados cuando existe una sobrecarga de demandas sociales

El primer supuesto aplica parcialmente. López Obrador llegó a la presidencia de la república en un proceso electoral legítimo y transparente, además de obtener una votación que no dejó lugar a dudas aún entre personas que no votaron por él. Sim embargo hay un creciente descontento social, particularmente entre las mujeres mexicanas que se traduce en la presión social que hoy ejercen los movimientos feministas.

El segundo supuesto está presente. Existe una clara sobrecarga de demandas sociales y no es solo sobre la violencia de género y feminicidios. Están comenzando a presentarse las consecuencias de la crisis provocada por la Pandemia. Los efectos económicos se harán cada vez más evidentes. Los servicios de salud continúan rebasados y los mexicanos siguen muriendo no solo por el virus actual, sino por otras enfermedades. La vacunación no avanza de acuerdo con las expectativas de la población ni de acuerdo al plan establecido por el propio gobierno. El desempleo aumenta día con día. La violencia generalizada, oculta en los medios principales de comunicación, continúa creciendo. La ineficiencia en la atención a la problemática de violencia de género se agrava con los mensajes que el presidente transmite a los movimientos feministas.

El pasado 8 de marzo López minimizó y ridiculizó otra vez las protestas feministas 

Su argumento, las protestas por la violencia contra la mujer iniciaron en su sexenio promovidas por sus adversarios políticos, soslaya la independencia de los movimientos feministas, pero sobre todo minimiza y banaliza la realidad:  nos están matando.

En mi colaboración anterior establecí que el primer paso para gestionar una crisis es aceptar que esta existe, y luego diseñar una estrategia de atención. Mencioné que existen diversas metodologías para diseñar una estrategia de atención de crisis. En mi opinión la metodología que podría funcionar mejor en este caso es la de la Seguridad Nacional. Esta metodología tiene como objetivo regresar las condiciones de gobernabilidad para que el gobierno en turno tenga las condiciones para seguir cumpliendo de forma eficaz con sus funciones al mismo tiempo que se mantiene la paz social.

Esta metodología se compone de tres vertientes:

  • Jurídica
  • Político- Social

Comunicación Social

La vertiente Jurídica se refiere al marco aplicable para atender la crisis presente. Para determinar este marco jurídico es necesario un análisis exhaustivo de escenario real. Considero la atención de la problemática debe partir de la “Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida libre de Violencia”. Como lo establece en su artículo su primero, su objetivo es prevenir, sancionar y erradicar la violencia hacia las mujeres, que es la principal demanda de las feministas. Esto se logra a través de la coordinación entre los tres órdenes de gobierno. Esta ley no inventa el hilo negro, contiene los mecanismos de coordinación, la problemática puntual que se debe atender y los órganos responsables. Es general, obliga a los tres órdenes de gobierno a atender la violencia contra las mujeres.

La vertiente Político-Social implica procesos de diálogo y consenso con los interesados; escuchar sus demandas y comprenderlas. En esta vertiente se da el proceso de atención material de las demandas, en este caso los movimientos feministas. Aquí se emplean tácticas como las mesas de diálogo. El diálogo puede llevar a diferentes acciones como la implementación de Grupos de Coordinación para la atención, nuevos marcos jurídicos o las reformas a los existente, etc.  

Un ejemplo histórico son los Acuerdos de San Andrés Larrainzar durante la etapa del EZLN, las mesas de diálogo se establecieron como mecanismo para atender la vertiente político-social.

La vertiente de Comunicación Social se desarrolla desde el gobierno. Inicialmente informa sobre el desarrollo de la crisis. Posteriormente deberá establecer e informar cuando ya ha sido resuelta. El objetivo es transparentar todo lo que ocurre en las otras dos vertientes manteniendo a la población informada acerca de las acciones que se implementan, los actores gubernamentales, los avances y ajustes de las otras dos vertientes.

El presidente López Obrador ya ha dejado claro que lo que quiere decir es que la crisis de violencia contra las mujeres ni existe ni le importa. Fortalece el enojo de los movimientos feministas al apoyar nuevamente la candidatura de Salgado Macedonio a la gubernatura de Guerrero casi como una provocación.

López Obrador tiene una bomba de tiempo en las manos.  López Obrador tiene los instrumentos necesarios para desactivarla. A López Obrador solo le falta lo más difícil, la voluntad política para aceptar la crisis y actuar para resolverla.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @GNava1980

 

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