Opinión

El feminismo, la izquierda y la 4T

La deuda del gobierno de Andrés Manuel López Obrador con la izquierda en general, y con las víctimas de feminicidio y violencia de género en particular, es cada vez mayor.
miércoles, 17 de marzo de 2021 · 17:35

Las protestas del movimiento feminista es un asunto que incomoda al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. No podría ser de otra manera: en México cada día son asesinadas 11 mujeres por violencia de género. La falta de garantías y acceso a la justicia para las víctimas de feminicidio y sus familias es lastimosa. Ciertamente, la violencia feminicida en México no es un problema que surgió durante este sexenio, corresponde al abandono de las pasadas administraciones que prefirieron mirar hacia otro lado, ocultar cifras y tomar cada caso como un hecho aislado. Sin embargo, la respuesta del autodenominado “gobierno más feminista de la historia” no ha sido diferente. Desde el poder se ha criminalizado y minimizado las demandas de justicia y seguridad. El mismo presidente ha referido en sus conferencias matutinas que el movimiento feminista es presa títere del conservadurismo y sus denuncias son un asunto de “ya chole”. Una decepcionante respuesta para un gobierno que llegó al poder tras capitalizar el descontento social generado por décadas de saqueo, corrupción y violencia. Decepcionante, sí, para un gobierno que no se cansa de legitimarse con un discurso de izquierda frente al conservadurismo de los partidos tradicionales, pero al mismo tiempo niega sistemáticamente el acceso a la justicia a un sector de la población que no para de contar a sus muertas.

Visto de esta manera, la deuda del gobierno de Andrés Manuel López Obrador con la izquierda en general, y con las víctimas de feminicidio y violencia de género en particular, es cada vez mayor. Al menos en el contexto mexicano actual, sencillamente no se puede ser lo primero y al mismo tiempo mantenerte ajeno a lo segundo. Esto porque, en su sentido más amplio, la izquierda corresponde a un proyecto político que busca la transformación del status quo orientado hacia una mayor ampliación de las libertades, la igualdad y la justicia social. En consecuencia, no se puede ser un gobierno de izquierdas y al mismo tiempo ignorar la responsabilidad que tiene el Estado en salvaguardar el derecho de las mujeres a la vida violentado por hombres homicidas, repito: en México cada día son asesinadas 11 mujeres por violencia de género

Por bien o mal que para muchos parezca , la izquierda que tiene México actualmente es la que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador. Con un proyecto político moderado, contradictorio e incluso conservador, el obradorismo corresponde a la única opción real de la izquierda partidista. Sin embargo, no debe olvidarse que la base política de la izquierda obradorista se nutrió de las demandas sociales contra los excesos del autoritarismo priista y la traición a la alternancia de los gobiernos panistas. Así, la izquierda que encabeza López Obrador es heredera de aquella izquierda histórica mexicana que se desmarcó del nacionalismo revolucionario priista desde mediados del siglo pasado, de manera que la podemos encontrar en la lucha por la autonomía sindical del movimiento magisterial y ferrocarrilero de finales de los años cincuenta; en el movimiento médico y por supuesto en la lucha estudiantil de 1968; la encontramos, también,  en la guerrilla urbana que combatió al Estado mexicano durante la Guerra Sucia en la década de los setenta; posteriormente, la izquierda abandonó las armas en los años ochenta y buscó por la senda institucional obtener espacios de poder. En esta nueva dinámica, esta izquierda partidista en conjunto con la derecha liberal impulsó la creación de organismos autónomos reguladores de los poderes del Estado como la CNDH, el IFE y la Auditoria Superior de la Federación, entre otros; arrancó al PRI por primera vez una gobernatura en 1989, el otrora Distrito Federal en 1997 y la presidencia de la República en el año 2000. Realmente había una lucha social tras 70 años de excesos. .

Tras la alternancia que sacó al PRI de Los Pinos, la izquierda del nuevo siglo luchó contra los fraudes electorales, se opuso a la estrategia de lucha contra el crimen organizado y la posterior militarización de la seguridad pública, y se movilizó en defensa de los derechos humanos. No podemos entender el abrumador triunfo del obradorismo en el 2018, sino miramos estas demandas que dieron desgaste al sistema político mexicano.

En ese sentido, la promesa de cambio del status quo enarbolada por el obradorismo bajo una retórica de transformación nacional se posicionaba cómodamente en la izquierda. Sin embargo, actualmente la movilización social proviene de un movimiento que demanda justicia, seguridad y el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Y algo que no tiene muy claro el gobierno que prometió transformarlo todo es que, mientras más ignore, desatienda y criminalice esta demanda social, más se aleja de la izquierda como ideal. No entiende que, al ser heredero de las luchas sociales contra el estado de cosas que le dieron cauce a su movimiento, ignorar y minimizar la violencia feminicida en México, corresponde a una desviación de aquella izquierda histórica que buscó democratizar al país, contener los excesos del Estado y brindar justicia social a las víctimas de violencia y desigualdad, cuestión que nos obliga a abrir la discusión sobre el futuro de la izquierda como proyecto político en nuestros país.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @Yancarlo_UNAM

 

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