Opinión

Medio Oriente, una nueva página para Washington

Numerosas células de ISIS o Al-Qaeda se encuentran mutando constantemente, por lo que los primeros movimientos serán de alta relevancia para poner en marcha una estrategia que pueda contener esta amenaza
miércoles, 10 de marzo de 2021 · 19:57

Por Daniel Mauricio, analista de Seguridad y Geopolítica

Las prioridades de la administración de Joseph R. Biden han gravitado en controlar los retos domésticos ligados a la pandemia y mitigar los efectos adversos de una polarización social con componentes ideológicos y raciales difíciles de conciliar. En la esfera exterior, los esfuerzos están centrados en comenzar un plan enfocado al cumplimiento de objetivos estratégicos, entre los que destacan: reestablecer alianzas, generar coaliciones y volver al multilateralismo como medio de liderazgo; contener la expansión de potencias hemisféricas; y emprender una nuevo juego diplomático en Medio Oriente.

En relación con Medio Oriente, existe una agenda poblada de retos, los cuáles he clasificado en tres, a fin de sintetizar el panorama: a) acuerdo nuclear de Irán,

b) conflictos preexistentes, y

c) expansión de otras potencias.

El primer objetivo en la agenda regional recae en las negociaciones con Irán en torno a su programa nuclear, tarea que ha sido concebida dentro de la narrativa política y mediática como una amenaza para la estabilidad hemisférica, y cuyo preludio ha elevado la tensión a través del despliegue de operaciones militares limitadas en búsqueda de disuasión. A diferencia de las condiciones en las que se negoció el Acuerdo de 2015, Irán ahora cuenta con mayores capacidades, como resultado del equilibro de poder en el escenario internacional, en suma con la relativa estabilidad de aliados en Damasco, Beirut y Bagdad que le proveen puntos de apoyo, sin mencionar el declive de ISIS.

Las aspiraciones regionales de Estados Unidos convergen en un arranque con una serie de conflictos de diferente intensidad, relacionados con guerras civiles, parálisis políticas y circunstancias de Estado fallido en Siria, Libia, Líbano, Palestina, Afganistán, Iraq y Yemen; mientras que la estratagema intervencionista de Turquía han desencadenado conflictos geopolíticos en varios frentes en una franja que recorre desde el borde norte de África hasta el Mar Caspio, y ha agudizado la crisis en Libia, Armenia y en el norte de Siria, principalmente.

Adicionalmente, lo anterior se conjunta la reducción de la presencia militar y diplomática de Estados Unidos, mientas que el capital diplomático también ha menguado frente a la expansión de la influencia de Rusia y China, ya sea a través del despliegue de la fuerza, la cooperación militar, o con inversiones de capitales en diferentes rubros. En choke points como Egipto, el Golfo de Omán, y el Golfo de Adén ahora hay nuevos jugadores.

A pesar del panorama convulso, uno de los mayores obstáculos se encuentra en Washington, ya que se ha difundido la idea de que no queda mucho por hacer y que lo que esté por suceder, es inevitable, pero lo cierto es que las cosas siempre pueden empeorar; el frágil equilibrio puede romperse generando una desventaja estratégica irreversible.

Finalmente, numerosos células de ISIS o Al-Qaeda se encuentran mutando constantemente, por lo que los primeros movimientos serán de alta relevancia para poner en marcha una estrategia que pueda contener esta amenaza, ya que el terrorismo y la criminalidad han encontrado un tanque de oxígeno en medio del desorden y de las vulnerabilidades de los Estados, ya sea ocasionadas por la pandemia o bien por confrontaciones.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @DaanMaur

 

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