Opinión

Tenemos que hablar de cocaína

Para controlar el mercado de la cocaína se han hecho experimentos funestos, dentro de las políticas de control sabemos las consecuencias tan violentas que han desencadenado.
domingo, 7 de febrero de 2021 · 08:35

Las políticas punitivas para controlar, erradicar y prohibir la cocaína son sin duda, un fuerte componente del actual deterioro en muchas poblaciones, regiones, incluso se podría afirmar que el consenso moderno de prohibición de drogas en América está más emparentado con la prohibición de la cocaína en los años 60, que con el original consenso para controlar el opio de principios del siglo pasado. Prohibida de manera global en la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961, este acuerdo conformó un marco legal internacional y un encuadre político para prohibir los aprovechamientos de la hoja de coca y la cocaína.

La cocaína es una sustancia estimulante extraída del arbusto de la coca, es la segunda droga ilícita de mayor consumo a nivel global. Fue sintetizada a mediados del siglo XIX en el boom de la industria farmacéutica y comenzó a ser utilizada como estimulante, mezclada en forma de tónico y posteriormente como analgésico local. Por el contrario, la trayectoria de uso de la hoja de coca ya sea de forma tradicional, religiosa o alimenticia tiene un fuerte arraigo entre algunas poblaciones originarias de Sudamérica y la región andina, aunque en esta ocasión no me detendré en este interesante aspecto.

Para controlar el mercado de la cocaína se han hecho experimentos funestos como: la erradicación forzada del arbusto con agroquímicos altamente tóxicos que dañan el medio ambiente y a las poblaciones que viven cerca. Dentro de las políticas de control, se ha introducido un sistema semi militarizado que ha desencadenado en la aparición de grupos de civiles armados, grupos paramilitares, socavamiento de la democracia, violación a los derechos humanos, aumento de la rentabilidad del mercado ilícito y aparición de derivados de la cocaína como el crack sustancia altamente adictiva. Sabemos por el escándalo IRAN-CONTRAS, que el mismo gobierno de Reagan a través de empresas fachadas apoyadas por la CIA, intercambiaron armas por droga y con las ganancias financiaron a la contra nicaragüense.

Cultura de la cocaína

¿Cómo llegamos hasta este punto? Cuando la cocaína era un compuesto incluido en el jarabe para la tos, un ingrediente de tónicos o como analgésico en la ortodoncia. El tránsito de una mercancía y sustancia licita de uso farmacéutico o tónico fue breve. Quizá es de conocimiento general que la cocaína fue utilizada por Sigmund Freud, o que las primeras recetas de tónico mezcladas con nuez de cola y cocaína dieron lugar al sabor original de la bebida Coca-Cola, después de este auge de finales del siglo XIX y principios del XX, entre los años 40 y 60 hubo un declive y se relegó a los ambientes prohibidos.

De manera paradójica, en los años 60 y los 80 la cocaína se convirtió en una droga ilícita asociada al glamour, se identificaba con los ambientes del espectáculo, las finanzas y entre la gente con alto poder adquisitivo, era junto al alcohol y el tabaco la droga corriente, servía para aumentar las jornadas de trabajo o intensificar la diversión, y por su baja percepción de riesgo se convirtió en la droga social del momento. La rentabilidad del mercado de cocaína puso de manifiesto la desigualdad y des proporcionalidad de las penas locales y globales, mientras que en algunas ciudades de la unión americana o de Latinoamérica se pudieron observar las altas ganancias por la venta de cocaína, en otras zonas geográficas la devastación e impacto a la salud han sido hasta hoy incuantificables.

La cocaína posee propiedades estimulantes, que por sus efectos en algunas personas en ciertos contextos pueden lograr desarrollar un consumo compulsivo, incluso problemático. Aunque, según las estadísticas más del 80 por ciento de consumidores de cocaína el último año lo hicieron de forma esporádica y en contextos de fiesta. Si bien, hay algunos ejemplos en la literatura académica y de sociedad civil sobre cómo podría ser posible un futuro regulatorio para esta droga, el debate aún se encuentra en ciernes en nuestro país. Por lo que, desde mi perspectiva se deben seguir fortaleciendo los esquemas de educación sobre drogas, con especial orientación a las de alto impacto como los estimulantes fumados, aunado a la profesionalización de los sistemas de tratamiento especializados en tratar sustancias de tipo estimulante, así como incluir esquemas de terapias sustitutivas y esquemas de reducción de daños como intercambio de parafernalia o análisis de sustancias.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @jonasartre

 

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