Opinión

¿Escribir sobre el vino?

Mi propuesta es que exploremos juntos y que descubramos que el vino es el mejor reflejo de quiénes somos, pero especialmente, que la vida se debe celebrar todo el tiempo.
jueves, 11 de febrero de 2021 · 16:28

Me tardé mucho tiempo en decidirme a escribir esta columna sobre el vino. Sí, tal cual. ¿Escribir sobre vino? ¿Por qué a alguien le interesaría leer eso? Bueno, quiero compartir la razón: en realidad no se escribe sobre el vino solamente, sino sobre la vida

Para mí, el vino representa muchas cosas más allá de una simple bebida. Hace mucho tiempo – varios años ya – tomar vino (o cualquier bebida alcohólica) estaba fuera de mi alcance; me encontraba enfermo y los medicamentos que tomaba no me permitían combinarlos con alcohol, por obvias razones. Pero poco a poco me recuperé hasta que llegó un punto en que volví a estar bien. Y entonces nació mi interés y curiosidad por esta bebida. Cuando recorría los pasillos de los supermercados y veía las filas innumerables de botellas de todos los países, no sabía distinguir entre ellos pero me fascinaba observar las diferencias. No tengo idea de dónde salió mi afición por esta bebida, porque en mi casa nunca me educaron en esta materia (ni tampoco era algo que se tomara con regularidad). El único conocimiento de vino que tenía desde casa fue durante una comida de Navidad, cuando acompañé a un tío a comprar botellas de vino tinto y me dijo que el “Merlot era más dulce que el Cabernet Sauvignon” (¡ya discutiremos sobre esto después!).

Sin embargo siempre supe que el vino, más allá de una simple bebida, sería un excelente pretexto para ver la vida de otra forma: en otras palabras, el vino ahora representaba la oportunidad de estar bien; de tener salud y de estar vivo y de ser feliz. 

Lo más fascinante del vino, además de beberlo (con moderación e inteligencia), es aprenderlo; es entenderlo, es conocer el proceso que lo hace existir y el vínculo innegable que ello tiene con la cultura de muchas personas en muchos países; el vino simboliza la alegría de la fiesta, de la reunión, de la vida que se celebra. Y además el vino es un fiel reflejo de sus raíces, de sus orígenes, de su tierra. Todas las botellas cuentan una historia: ¿quién es su creador? ¿de qué país proviene? ¿cómo es el clima, el suelo y la gente de su lugar de origen? ¿cuándo y cómo se bebe? ¿con qué comida se combina? Todo ello nos lleva a preguntarnos sobre la esencia más básica de quiénes somos: nuestra comunidad, nuestra cultura, nuestra gastronomía, nuestras tradiciones, nuestras celebraciones. El vino es el resultado de todo ello.

Por esta razón decidí escribir una columna sobre el vino. Primero lo aprendí por afición, por interés y por curiosidad; conformé pasó el tiempo me especialicé en la materia y me puse a estudiar formalmente sobre el mismo. Escribo esta columna para transmitir mi pasión por el vino, pero también para hacerlo accesible. Para desmitificarlo, para entenderlo, pero especialmente para que quien me lea, también lo disfrute. Habrá mucha gente que piense que el vino es una bebida “difícil de aprender y fuera del alcance”; sin embargo, mi propuesta es que lo exploremos juntos y que descubramos que el vino, en realidad, es el mejor reflejo de quiénes somos, pero especialmente, que la vida se debe celebrar todo el tiempo.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @fedeling

 

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