Opinión

Migrantes centroamericanos mueren en Tamaulipas a manos del crimen organizado.

Que las tragedias migratorias sean comunes no elimina la necesidad de que el Gobierno de México se pronuncie y actúe.
martes, 26 de enero de 2021 · 16:40

A lo largo de los 3169 kilómetros de la frontera entre México y los Estados Unidos se observan infinitas posibilidades de cruce, pero llegar hasta ese punto es un desafío a la vida. Los territorios fronterizos son zonas de precarización y abandono que guardan historias y vidas perdidas en su intento por llegar al sueño americano.

En el 2010 la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas nos mostró el precio que pagan hombres y mujeres en su tránsito por México y desafortunadamente es una historia que se sigue repitiendo.

Hace unos días en el municipio de Camargo en Tamaulipas fueron encontrados los cuerpos de 19 personas calcinadas en una camioneta. La Fiscalía comenta que la muerte fue provocada por proyectiles de arma de fuego y posteriormente se les prendió fuego.

La violencia generalizada que vive el país ha llevado a tal indolencia que estas tragedias ya no ocupan los titulares nacionales. Es más, aunque los ocuparan, a más de una década de la masacre de San Fernando, seguimos sin una explicación clara de lo sucedido.

A la masacre de 2010, le siguió una en 2011 donde no se ha esclarecido cabalmente el número de cadáveres encontrados en las fosas clandestinas. Por si fuera poco, defensores de migrantes relatan que este tipo de masacres se dan a lo largo de toda la frontera y que aún nos faltan muchos migrantes por encontrar.

El mecanismo que opera a lo largo de las masacres es básicamente el mismo, el crimen organizado secuestra a grupos de migrantes y aún con el pago del secuestro pueden tener el mismo destino fatal. La vida humana no le significa nada a los traficantes de personas o el crimen organizado.

Las caravanas de migrantes han sido una respuesta a estas tragedias, viajar en grupo es una forma de llegar con vida a la frontera norte. Otras caravanas se han realizado para concientizar sobre los problemas que enfrentan los migrantes en su tránsito, otras para encontrar a sus hijas e hijos desaparecidos, otras para mostrar los accidentes y riesgos físicos a los que se exponen a lo largo del viaje.

A lo largo del mundo vemos tragedias vinculadas con la movilidad humana, como las de los miles de personas ahogadas en el mediterráneo en barcos que buscaban llegar a Europa o gente fallecida de asfixia en autobuses y camiones de carga en Asia.

Que las tragedias migratorias sean comunes no elimina la necesidad de que el Gobierno de México se pronuncie y actúe. La masacre de 2010 sirvió como base para la Ley de Migración, pero quedó desarticulada de un mecanismo para localizar migrantes desaparecidos.

Muchos migrantes desaparecidos están en fosas y el gobierno no tiene una forma de recolección, sistematización y control de los datos de los migrantes. Existe poca colaboración y disposición de Gobernación y Cancillería para resolver este problema, pero la falta de atención a estas tragedias condena a su repetición.

Cuando decimos que ningún ser humano es ilegal también deberíamos decir que todas las vidas cuentan, que todas las vidas merecen la misma dignidad de ser vividas y recordadas.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @P_Mancebo

 

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