Opinión

Nunca es momento para migrar

inició la caravana migrante del 2021, un recordatorio de que la pandemia no es un impedimento para migrar, sino se convierte en una motivación frente a la necesidad.
martes, 19 de enero de 2021 · 16:48

Twitter: @P_Mancebo

En estos días inició la primera caravana migrante del 2021, y con ello, el recordatorio de que la pandemia no es un impedimento para migrar, sino se convierte en una motivación frente a la necesidad de obtener un empleo, un ingreso. La crisis actual es multidimensional, es una crisis sanitaria, económica y de bienestar.

Los gobiernos han respondido con suma dureza, imágenes donde las fuerzas de seguridad de Guatemala apalean y gasean migrantes deberían ser inadmisibles, pero no, cuando leemos los comentarios a esas notas vemos xenofobia y celebración.

Entre los múltiples comentarios que se leen en las notas de las caravanas encontramos un persistente comentario a que “entiendan, no es momento para migrar”, pero nunca es momento para migrar, las familias nunca están listas para fracturarse, para imaginar que alguien puede desaparecer en su tránsito a los Estados Unidos, para que las mujeres sean violadas o que sus cuerpos se transformen en monedas de cambio.

Los migrantes no pueden quedarse en casa, no buscan soluciones más fáciles, ni que les resuelvan la vida. Las personas que emprenden una migración irregular son quienes pierden la esperanza de encontrar prosperidad en sus países, quienes ven que vivir la vida es más difícil que enfrentar la muerte.

Alguna vez escuché a un migrante decir que emprendía la travesía con todo lo que tenía, su cuerpo y su vida, porque si lo lograba con él podría conseguir una oportunidad para poder ayudar a su familia. Porque el que se va, carga en la mochila ilusiones, voluntad y compromisos propios y colectivos.

Así es como emprenden una travesía migratoria, como se pueda, con lo que se tenga, aún con el riesgo de exposición a la Covid-19, a no acceder a atención médica y/o humanitaria. Que además, frente al incremento de contagios y el fallecimiento de múltiples defensores de migrantes, muchos colectivos han visto sus esfuerzos rebasados y han tenido que cerrar las puertas de sus albergues.

La caravana es una esperanza a que les “toque” la regularización migratoria que promete Biden, a que puedan encontrar algún alivio frente a la crisis que se está viviendo y frente al colapso institucional que desde hace años embarga al triangulo norte.

En tanto la forma en que responden El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras y México muestran un claro desdén por los derechos humanos y por la dignidad humana porque responden con abuso y falta de respeto a los protocolos de atención y protección migratoria.

En México, el Instituto Nacional de Migración publica en sus redes las fotografías de su personal “a fin de hacer cumplir la Ley de Migración y su reglamento” (sic) pero vemos drones, Guardia Nacional con armas largas, toletes, escudos y algunos agentes migratorios. Este tipo de estrategias no hacen más que impedir que migrantes que lo necesiten puedan acceder a mecanismos de protección internacional como los adultos mayores, las niñas, niños y adolescentes no acompañados, mujeres embarazadas, homosexuales, transexuales, perseguidos por las maras, indígenas, entre muchos más.

El Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, promovido por México, no implica la militarización de la frontera, ni la detención migratoria, ni las violaciones de los derechos humanos, el Pacto significa un compromiso institucional para abrir vías migratorias y de protección internacional con base en el respeto de la dignidad humana.

México no puede exigir en los foros internacionales el cumplimiento del Pacto para los mexicanos que intentan llegar a los Estados Unidos —flujo que también aumentó con la crisis económica— y por otro lado, detener y bloquear a los migrantes que vienen de Centroamérica.

Nuestro país una vez más se queda corto en la congruencia entre la política migratoria que exige a los Estados Unidos y la que aplica dentro de nuestras fronteras.

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