Opinión

Entre Amlovadas y Trumpadas: Rebeliones desde la cúspide del gobierno

domingo, 17 de enero de 2021 · 16:14

Twitter: @laihaddmor

Si bien fue un hecho histórico, la toma del Capitolio no es un hecho sorpresivo del todo. Desde hace 4 años varios analistas advertimos sobre el peligro que representaba Donald Trump para Estados Unidos, “ejemplo de democracia consolidada alrededor del mundo”. Lo anterior lo fuimos constatando a lo largo de su mandato; periodo durante el cual, se dedicó a dividir a la población usando discursos y otros medios para descalificar a ciertos grupos sociales y ciertas instituciones públicas tanto nacionales como internacionales.

Al término de su gobierno, vemos una nación sumamente dividida, grave problema que deberá ser atendido durante el próximo mandato; pero que debemos tomar como lección el resto de las democracias en el Planeta.

Como mexicanos debemos observar las grandes similitudes que guardan el aún presidente de los Estados Unidos y nuestro propio presidente.

Ambos presidentes muestran características antidemocráticas e hiperpresidencialistas; no les gustan los contrapesos ni sentirse vigilados a través de la transparencia y rendición de cuentas. Ambos presidentes han olvidado, que un gobierno democrático se caracteriza esencialmente, por su continua capacidad para responder a las distintas necesidades y preferencias de sus ciudadanos, sin establecer diferencias políticas entre ellos; muchísimo menos dividiéndolos y poniéndolos en polos opuesto incitando al odio en vez de a la conciliación y consenso.

Ambos cuentan con un buen número de seguidores, que con razón o no, están enojados, que piensan y se retroalimentan en masa; los cuales sin darse cuenta, se han convertido en energía latente lista para ser dirigida hacia fines perversos; como incitar rebeliones desde el interior del gobierno.

En el caso de México ya vivimos en 2006, que tras una contienda electoral polémica, López Obrador llamó a sus simpatizantes a bloquear el primer cuadro de la capital mexicana; el cual duró casi 50 días y eso sin sumar el poder que ahora tiene como presidente; una insurrección como la vivida en Washington D. C. puede ser vivida en cualquier momento.

Sin embargo, en algo que son distintas las democracias mexicana y estadunidense; es que la nuestra carece de instituciones fuertes que puedan darle frente a figuras megalómanas y antidemocráticas como la que personifica Obrador en este momento.

Es cierto que la mayoría de los órganos autónomos en nuestro país nacieron impulsados durante las reformas neoliberales de los 90; sin embargo a 30 años de su nacimiento, han adquirido real autonomía y recursos que nos han ayudado a transitar de esa historia de autoritarismo en la que vivimos durante 70 años a un régimen más democrático.

Tanto la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), como el Instituto Nacional Electoral (INE), el Banco de México (Banxico) y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos (INAI); son recursos que tenemos todos los ciudadanos para garantizar el goce de nuestros derechos; son instrumentos necesarios para construir una democracia en nuestro país, dada la reciente historia de hegemonía que vivimos.

Es importante considerar la democratización como un proceso histórico que comprende transformaciones bien definidas a lo largo del tiempo; en otras palabras, no existen democracias bien consolidadas si no las construimos todos los días. La pluralidad y el respeto a las diferencias son valores que deben ser inculcados todos los días.

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