Opinión

Costos de eludir el diálogo civil-militar

Para estos grupos, el fantasma de los regímenes militares que fueron cruelmente conocidos en el resto de Latinoamérica ronda actualmente en México.
domingo, 17 de enero de 2021 · 16:29

Twitter: @AleJuarezA

Uno de los temas más mencionados en los últimos años en México es la militarización. La razón es evidente; después de 14 años de ininterrumpida participación militar en tareas de seguridad pública, la actual administración ha decidido extender las tareas de las instituciones castrenses a campos que les son totalmente ajenos, pervirtiendo aún más sus funciones constitucionales. A la par de eso, ha habido un incremento de funcionarios de procedencia militar en instituciones civiles.

Desde hace tiempo, este fenómeno ha detonado la alarma y el nerviosismo de múltiples grupos activistas en defensa de derechos humanos y de gente de la academia que denuncian que esta práctica es demasiado costosa para el país. Para estos grupos, el fantasma de los regímenes militares que fueron cruelmente conocidos en el resto de Latinoamérica ronda actualmente en México. Dicho lo anterior, este texto no es uno más que señale la situación que vive México, sino que sugiere apenas un paso, de entre los muchos que se necesitan dar, para solucionarlo.

A pesar de una larga y trágica historia de golpes de estado y dictaduras militares, y del posterior retorno generalizado de las democracias, en muchos países de Latinoamérica no se han logrado entablar diálogos y canales de comunicación institucionales y efectivos con las fuerzas armadas. Establecer esos canales de diálogo y comunicación es decisivo para la vida democrática, y México no es la excepción.

Aunque en nuestro país afortunadamente no hemos sufrido dictaduras militares ni golpes de estado, es claro que el desgaste político de los gobiernos civiles, sobre todo en los últimos 20 años, ha afectado a las Fuerzas Armadas. El abuso de sus cualidades institucionales ha llegado a niveles peligrosos porque es innegable que por más disciplina y orden que haya, siempre puede haber resquicios por donde entre la corrupción.

En ese sentido, el hermetismo militar, pensado como autoprotección y para evitar que los militares dialogaran con otras facciones políticas y se concentraran exclusivamente en atender al Ejecutivo Federal, se ha convertido más en un estorbo que en un instrumento de defensa institucional que despierta sospechas y acentúa prejuicios. La suma del desgaste político, el abuso de las Fuerzas Armadas, el hermetismo y los prejuicios, han puesto en una muy delicada situación el prestigio militar y la vida democrática.

Por citar algunos ejemplos, en el aspecto político, pocas autoridades han emprendido acciones contundentes para capacitar policías civiles profesionales y mejorar la procuración de justicia porque saben que ambas acciones tomarán tiempo y no podrán capitalizarlas políticamente, recurriendo nuevamente, al personal militar. Por el lado del hermetismo, es innegable que malos elementos militares han cometido graves delitos, pero la falta de claridad en cómo se les juzga ­–cuando ocurre– genera más desconfianzas que certezas. En los prejuicios y desconocimientos, no son pocos los académicos que tienen amplia difusión y que cometen fuertes errores al opinar y emitir juicios como que los militares «no somos ciudadanos de la República», o que señalan que «nunca nos fuimos de la política y la vida pública», cuando la pregunta inicial sería, ¿en cuál país las fuerzas armadas se han separado totalmente de la vida pública y política?

Estos breves y sencillos ejemplos son una ligera muestra de los problemas a los cuales nos enfrentamos para resolver el desconocimiento respecto a nuestras Fuerzas Armadas y el abuso de ellas. La inusitada desviación de sus funciones constitucionales en los últimos dos años son el síntoma mayor de esta grave situación, y la solución es el diálogo y la comunicación. El entendimiento mutuo no es fácil ni rápido. Se deben de abandonar –o controlar– prejuicios, mostrar voluntad y tolerancia. Incluso, y aunque algunos piensen que es imposible, puntos de concordancia y admiración mutua –como militar en uso de licencia ilimitada que ahora está en la academia, puedo afirmar que existen–. El dicho es claro e irrefutable: hablando se entiende la gente.

#SolucionesDeRaíz

#DiálogoCivilMilitar

Este escrito es exclusivamente mi punto de vista y no representa ninguna posición oficial.

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