Opinión

La vacuna llegó, pero el confinamiento no termina

Aunque la vacuna ya llegó a México, hay que continuar con el confinamiento y los estragos que dejará esta pandemia serán indelebles en la memoria colectiva.
viernes, 15 de enero de 2021 · 12:13

Twitter: @rorrini91

El momento que durante 2020 esperamos como humanidad ya es tangible: múltiples laboratorios ya distribuyen a lo largo y ancho del planeta la vacuna contra el COVID-19, de cara a un rebrote, posiblemente ligado a una nueva cepa mucho más contagiosa que ya cobró una vida en México y otras tantas en el extranjero.

Aún así la esperanza prevalece. México inició un proceso de vacunación masiva este miércoles y, al corte de este artículo, ya se vacunaron 329 mil 983 personas. La mayoría de ellos son personal médico de primera línea que trabajan frente a frente en centros hospitalarios con triage COVID.

No obstante, en nuestro país se viven tensos momentos. La Zona Metropolitana del Valle de México continúa en semáforo rojo y diversas industrias piden a gritos una reapertura que pareciera lejana ante la lenta estabilización de la capacidad hospitalaria que se vive en la región.

Y es que, aunque la vacuna llegó, no apareció como varita mágica con la llegada de 2021. Su distribución y producción en laboratorios está resultando en un reto logístico gigante en el que algunas naciones ya acaparan dosis masivas para sus ciudadanos, mientras que otras se quedan rezagadas enfrentando el grave riesgo de contagio, acelerado por la propia desesperación de las personas ante un encierro que ya se prolongó casi un año.

Las medidas de distanciamiento social no solamente cobran una alta cuota a diversos sectores de la economía, sino también a una población vulnerada por el cambio de costumbres abrupto que se vivió desde marzo de 2020 en México. Así, en un santiamén, las reuniones presenciales se convirtieron en un peligro y la sociedad en hipócrita jueza de las actividades de los demás, mismas que muchos practican en lo privado.

La recomendación de quedarse en casa, necesaria ante el alto riesgo de contagio, es indispensable: sin la cooperación de todos sería imposible continuar; sin embargo, los estragos que dejará serán indelebles en la memoria colectiva. Sí, incluso cuando ya llegó la esperanza de la vacuna.

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