Opinión

La batalla por el BID

jueves, 3 de septiembre de 2020 · 18:08

Twitter: @AGuerreroMonroy

La historia del Banco Interamericano de Desarrollo ha sido larga y accidentada, como la de otras instituciones del llamado Sistema Interamericano. Su antecedente mas remoto fue en la Primera Conferencia Internacional de los Estados Americanos celebrada en Washington en 1889, cuando se discutió la posibilidad de establecer un banco interamericano para el financiamiento del comercio en la región. Algunos años mas tarde, en la Conferencia Panamericana reunida en México en 1902 volvió a tratarse el tema; no obstante que se siguió considerando en reuniones subsecuentes, fue hasta 1941 cuando el entonces director de Banco de México, Eduardo Villaseñor, logró configurar la idea precisa y el proyecto original de una institución financiera que otorgara recursos a proyectos viables cuyo propósito fuese el desarrollo integral -económico y social- en América Latina y el Caribe.

Esta valiosa iniciativa de México se concretó durante la Reunión de Ministros de Economía y Finanzas celebrada en Brasil en 1954. El representante alterno de nuestro país, Antonio Ortiz Mena (quién dirigió el Banco de 1971 a 1987) presentó el proyecto de creación que originalmente contemplaba al BID como parte de la estructura de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Han pasado más de seis décadas de la creación del que actualmente es el banco regional mas grande a nivel mundial, el cual ha servido como modelo para la creación de otras instituciones similares en otras regiones. Hoy en día el BID se encuentra conformado por 48 países y su máximo órgano de dirección es la Comisión de Gobernadores que cuenta con el apoyo operativo de 14 directores.

Los países miembros se clasifican en prestatarios y en no prestatarios. A este último grupo pertenecen 22 países –como Alemania, Austria, Canadá, Eslovenia, Italia, Francia, Estados Unidos, Japón, Suecia e incluso China, entre otros-, que no reciben financiamiento alguno pero se benefician para la prestación de servicios y el suministro de bienes en los proyectos financiados por el banco.

En la otra parte se encuentran los 26 países de Latinoamérica y el Caribe que poseen en conjunto el 50% del voto en el máximo órgano de dirección. Para darse una idea, Estados Unidos tiene el 30% del poder de voto (en razón de sus aportaciones) mientras que países como Argentina y Brasil tienen el 10.7% respectivamente, México el 6.9%, Canadá el 4% así como Chile y Colombia el 2.95%, por citar algunos ejemplos.

Por sesenta años, el BID ha operado bajo las normas acordadas entre 1959 y 1960, cuando se resolvió establecer su sede en Washington y se convino que la presidencia fuese para un latinoamericano y la vicepresidencia para un estadounidense.

De manera sorpresiva en junio de este año, el gobierno de Estados Unidos anunció su apoyo a un norteamericano para ocupar la presidencia del banco. Esta inesperada decisión, que a todas luces rompe un acuerdo y desafía a los países miembros, ha generado profundos desacuerdos que han derivado en una fuerte tensión porque los Estados Unidos al sumar a Brasil, Colombia y Venezuela (Guaidó) tendría el 49% de la votación, con lo que sólo le faltaría uno o dos países para lograr este cuestionable propósito.

“Esta sería una imposición arbitraria que acarrearía consecuencias muy negativas para la institución y dañaría el futuro de la relación entre Estados Unidos y América Latina”, han expresado en una carta abierta los expresidentes Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Felipe González (España), Ricardo Lagos (Chile), Julio María Sanguinetti (Uruguay), Juan Manuel Santos (Colombia) y Ernesto Zedillo (México). Y han añadido: “Con absoluta convicción decimos que la elección convocada para el 12 y 13 de septiembre carecería de legitimidad porque Estados Unidos, sin consulta ni debata, lanzó su candidatura pasando por encima de normas bajo las cuales todas las partes del BID entendieron su creación y funcionamiento a través de los años.”

Es preciso advertir que desde Eisenhower hasta este dramático 2020, se respetaron los acuerdos y las reglas en donde la constante fue el consenso.

El futuro del BID está en riesgo porque la institución no podría estar encabezada por un presidente cuestionado y carente de legitimidad. Se espera que por la dignidad de la región, se recurra a la sensatez política y a la razón histórica que dio origen a esta noble institución financiera que tanto ha contribuido a mejorar la calidad de vida de los latinoamericanos.

Las opiniones vertidas en la sección de Opinión son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista de Gluc. 

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