Opinión

Trabajo en aplicaciones: la subordinación disfrazada de colaboración

lunes, 28 de septiembre de 2020 · 19:20

Sobre la mesa
Twitter: @gerardohdz_p

El mercado laboral se está transformando de la mano de la tecnología, nuevas formas de trabajo han surgido, una de ellas es la ocupación en aplicaciones de movilidad y entrega de comida. Sin embargo, estas actividades tienen un trasfondo que pone en riesgo el empleo digno.

Repartir comida o manejar en una aplicación es una actividad que no ofrece seguridad social, derecho a vacaciones pagadas, reparto de utilidades, licencia de maternidad o permiso de paternidad y en caso de accidente, quién las lleva de perder es el jornalero digital.

Esta desprotección es en gran medida porque los jornaleros digitales son “socios” y no trabajadores de la empresa. Aplicaciones como Uber, Didi, Rappi, Beat, Cabify, Sin Delantal, entre otras, han encontrado en el “modelo colaborativo” una vía para tener a una fuerza de trabajo generando ganancias, sin ninguna prestación de Ley.

Las plataformas digitales han vendido las oportunidades laborales que ofrecen como un trabajo independiente, pero los hechos muestran que las actividades tienen más tintes de un trabajo subordinado y, por lo tanto, repartidores y conductores deberían ser considerados asalariados, con los derechos y obligaciones que ello implica.

Organismos internacionales como la OIT, la Cepal y el BID han alertado sobre la fuerza laboral desprotegida que están creando las aplicaciones y al mismo tiempo, han hecho énfasis en regular las relaciones de trabajo.

En el contexto internacional, también se han presentado fallos de diversas Cortes donde se define a los jornaleros digitales como asalariados y subordinados.

El caso de California es uno de los más sonados, un Estado que le ha hecho frente a las plataformas digitales para que ningún jornalero digital continúe laborando sin garantías de Ley.

Sin embargo, el ahorro (que se suma a las ganancias de la empresa) que tienen las aplicaciones al no pagar seguridad social, aguinaldos o vacaciones es tan grande, que han preferido invertir en millones de dólares en un referéndum para evadir la reciente Ley de California que las obliga a contratar, bajo ciertos criterios, a los repartidores y conductores como trabajadores asalariados.

Las empresas tecnológicas con estas características han disfrazado la subordinación con la colaboración y así han evitado las responsabilidades patronales.

La relación laboral que existe entre repartidores y conductores con las aplicaciones es complicada de verse, porque estamos acostumbrados a identificarla en un empleo típico.

Si nos remitimos a los hechos, un jornalero digital puede decidir en qué horario se conecta, eso es una realidad que no se somete a discusión.

Pero la otra cara de la moneda es que, no puede decidir cuánto cobrará por el servicio; si rechaza una cierta cantidad de viajes o entregas de comida, es penalizado; tiene que apegarse a políticas internas para prestar el servicio y no tiene control sobre la transacción… Estas últimas condiciones son criterios de trabajo subordinado y eso abre el debate sobre si ¿Realmente ofrecen un empleo independiente?

El verdadero trabajo independiente, es cuando la persona decide cuánto cobrará por su trabajo, acepta o rechaza servicios sin una penalización (porque realmente es su propio jefe) y además, es libre de elegir las condiciones bajo las que prestará el servicio, es decir, no se tiene que apegar a ninguna política o lineamientos.

Este martes 29 de septiembre se realiza una rueda de prensa de repartidores y conductores para anunciar un paro internacional, una manifestación que debe hacernos reflexionar en que, las aplicaciones están haciéndose ricas con el trabajo de una fuerza laboral de la que han evadido sus responsabilidades patronales por la poca claridad de las leyes para definir con exactitud la relación de trabajo. 

El paro internacional de los jornaleros digitales es una exigencia que debe ser escuchada por todos los Estados, es una fuerza de trabajo que todos los días se expone en la calle, trabaja duro y bajo condiciones de subordinación y sin las garantías de un empleo asalariado como lo es, el derecho a una incapacidad pagada en caso de accidente, a un aguinaldo a fin de año o un descanso pagado.

Insisto, si el trabajo en aplicaciones no se regula, estaremos condenando a las nuevas generaciones a empleos cada vez más precarios.

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