Opinión

Comunicar las drogas

domingo, 23 de agosto de 2020 · 19:59

Twitter: @jonasartre

Dentro de las consecuencias asociadas al paradigma generalizado de la prohibición, podemos mencionar que, hay procesos asimétricos y cambios notables en la manera de comunicar los asuntos de drogas. Siendo algunas fomentadas, incluso se reconocen como agentes que dotan de identidad, destacando el vino, los destilados, el café o el chocolate, siendo el principal mensaje: la sofisticación y calidad del producto. Por ejemplo, se fomenta la ruta de los vinos o la mixología, donde regiones geográficas basan su economía en estas actividades utilizando comunicación estratégica y gestión de marcas con campañas de mercadotecnia y relaciones públicas.

Mientras que, la mariguana o cocaína son satanizadas o frivolizadas, identificándolas en los circuitos de la desviación psiquiátrica o criminal. De manera paradójica, existen narrativas hegemónicas y contradictorias sobre estas sustancias, pues mientras se banaliza su consumo en la industria de la música, series de TV o películas, también se hacen apologías de criminales o traficantes, como personas de éxito, por ejemplo la famosa escena de Scarface, o los personajes de Breaking Bad o Narcos. En contraste, las campañas de prevención se basan en mensajes estereotipados, con casos límite, o sujetos respetables con roles o modelos a seguir por ejemplo: una campaña del CONADIC menciona:

“En el mundo de las drogas no hay final feliz”.

Clip que es protagonizado por un boxeador famoso, que a su vez ha participado en campañas de publicidad de una famosa empresa cervecera. Vaya contradicción, pues mientras su imagen es utilizada para la venta de bebidas embriagantes por otro lado promueve la abstinencia de otras drogas.

Comunicación y salud

Cuando negamos la posibilidad de consumir este tipo de sustancias de manera ocasional e informada, se profundizan los problemas en la percepción de riesgos y daños asociados a las drogas. Por ejemplo, nadie niega la capacidad de la cerveza para lograr que una comida tenga un balance entre sabor y placer. De igual manera, otras sustancias, en pequeñas dosis en el ambiente adecuado con las medidas de seguridad necesarias, pueden generar el mismo confort.

Cuando el placer se intenta negar estamos en problemas, principalmente entre los más jóvenes, o usuarios de drogas recurrentes, pues la percepción de riesgo basada en cuestiones límite, al no tener referentes claros no logra el mensaje preventivo estratégico. Por ejemplo, si el mensaje se construye alrededor de la premisa: “si consumes drogas terminarás adicto y viviendo en la calle”, es una cuestión alejada de la realidad, pues de los usuarios de drogas ilegales menos del 10% desarrollará un consumo problemático.

Como resultado de los desafíos comunicacionales en la era post COVID, la gestión de comunicación efectiva sobre asuntos de salud resulta imprescindible, destacando que se han fortalecido las campañas gubernamentales y corporativas sobre: el auto cuidado y el uso de artículos higiénicos. En este sentido, la comunicación sobre drogas cualquiera que esta sea tanto legales o ilegales, representa un desafío en este complejo entorno. Cuando pensamos, en los circuitos de la comunicación y sus procesos, los especialistas en comunicación buscamos, por un lado construir mensajes, en los canales correctos hacia los receptores adecuados. Entonces, ¿Qué necesitamos para diferenciar las narrativas sobre las drogas?

Desde mi perspectiva, para comunicar las drogas, se deben robustecer y construir mensajes efectivos que abonen a la responsabilidad individual y colectiva. A manera de conclusión, señalaría que no es un proceso sencillo y para construir mensajes sobre educación y prevención, habría que partir que ninguna sustancia es inocua y quizá una de las mayores virtudes que podemos mencionar es la construcción de mensajes diferenciados con una fuerte orientación a la atención y prevención de la salud física y mental mediante aprendizajes colectivos.

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