Opinión

Entre militares y académicos

domingo, 5 de julio de 2020 · 15:50

Twitter: @AleJuarezA

A finales de 2017 y principios de 2018, el Centro de Investigación y Docencia Económicas, CIDE, abrió su convocatoria para la Maestría en Historia Internacional. Decidí concursar y después de un riguroso proceso de selección, fui aceptado. Siempre había querido estudiar historia pero esta vez me motivaba otro propósito. Cuando solicité mi licencia de Marina, en el año 2015, y me fui a trabajar a un pequeño negocio, observé otra realidad. Mucho de lo que hacíamos desde las Fuerzas Armadas en el ámbito de seguridad, no se traducía en beneficios permanentes y directos para la población civil. Esto fue triste para mí porque conozco al personal y sé que la mayoría está muy comprometido con el bienestar del país.

Entre las muchas cosas que noté, distinguí dos problemas. Uno está en cómo las diferentes administraciones han proyectado a las Fuerzas Armadas hacia la población civil, asociándolas política y discursivamente con temas de seguridad pública con frases como “ejército de paz”, cuando esto en realidad no les corresponde. El otro problema es que la comunicación entre las Fuerzas Armadas y la academia civil, que se ha distinguido por ser crítica del actuar militar, es muy limitada. Cuando la hay, está manchada de sospechas y reproches mutuos que, aunque en ocasiones tienen fundamentos, dificultan enormemente la posibilidad de encontrar soluciones conjuntas que ayuden a México.

Ubicados estos obstáculos para el país, decidí atacarlos. Como soy marino, enfoqué el primer problema desde la perspectiva naval. Así, después de dos años, finalicé la tesis La imagen política de la Secretaría de Marina 1968-2018. En ella estudio cómo los diferentes gobiernos, acorde a sus intereses y necesidades, construyeron una imagen de la SEMAR y cómo la Institución se supo adaptar a los cambios políticos y económicos. Esto es fundamental para entender una parte del origen de nuestros problemas de seguridad y encontrar rutas para solucionarlos.

Terminado esto, concursé para el Doctorado en Historia Aplicada, también en el CIDE. Ahora mi atención la centro en el segundo problema que relaté: la escasa comunicación entre las Fuerzas Armadas y la academia civil, tomando como base la educación militar. Mi proyecto ha sido aceptado y, si todo marcha bien, iniciaré la investigación en el segundo semestre de este año.

De continuar con la actual estrategia en seguridad, la violencia en nuestro país llegará a 18 años ininterrumpidos, más los que sigan del siguiente sexenio. Los costos de esta barbarie se sentirán durante años. El terrible precio que ya hemos pagado con 300,000 vidas y por lo menos 60,000 desaparecidos nos deben de llevar a pensar en otras soluciones que, aceptémoslo, no serán rápidas. Otros lamentables efectos ha sido el terrible desgaste institucional que afecta a todos los niveles de gobierno y del cual nuestras Fuerzas Armadas no son ajenas. Por lo anterior decidí centrar los próximos cuatro años en tratar de construir puentes entre la academia civil y nuestros institutos militares. Mi experiencia personal, naval y académica, me ha llevado a concluir que ambos, desde sus particulares campos de acción, buscan el bien de México y, por lo tanto, es importante que se comuniquen mejor. El reto no es fácil, pero debemos de enfrentarlo. Sólo así podremos construir soluciones de largo plazo que nos den la anhelada paz y que, al mismo tiempo, fortalezcan a nuestras instituciones y nuestra democracia.

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