Opinión

Regresar a la vida, volver al Teatro

jueves, 30 de julio de 2020 · 18:55

Twitter: @AlfiePingtajo

Cuando uno escribe un artículo, un libro o una entrada de blog lo hace con las ansías de encontrar no sólo un lector sino un posible interlocutor, un alguien con quien hablar y discutir acerca de los temas que atormentan nuestra mente.

Y en tiempos como los que estamos viviendo, una columna o un artículo de opinión no es una botella al mar de un solitario en una isla desierta, es más bien una especie de grito de auxilio o un recordatorio de que seguimos siendo humanos necesitados de contacto, de fiesta, de diálogo.

Esta columna, pues, busca contestar a un artículo escrito por mi querido David Olguín: Las Artes escénicas ante el futuro.

Así que para contextualizar un poco y emulando un poco a Italo Calvino en su asombrosa novela: Si una noche de invierno un viajero:

Imagine que es una noche de jueves, el Teatro El Milagro (ubicado en la histórica y porfiriana Colonia Juárez de la CDMX) ha abierto como costumbre sus puertas para recibir a sus espectadores que esperan ver una obra donde actuará Daniel Jiménez Cacho en compañía de la grandiosa Laura Almela. Yo he llegado temprano y mientras espero a mi acompañante a quien se le ha hecho tarde, pues el metro y el cotidiano transitar del cedemexiquense han hecho de las suyas, me dispongo a tomar asiento y de la nada aparece David Olguín y se acerca para saludarme, nos abrazamos y comienza a dilucidar sobre las impresiones y reflexiones que este encierro obligado le generaron. Afuera llueve, el tráfico es horrendo, mi cita y algunos más de los que aparecían en la lista de apartados y prometían lleno tampoco llegaron; sin embargo y para sorpresa de propios, algunos transeúntes que optaron por refugiarse en la entrada del Teatro, aprovecharon para entrar a ver la obra. No, no se dio el lleno, pero seguramente el Teatro y El Milagro vieron el nacimiento de nuevos espectadores. Esa es una noche muy común en la mayoría de los espacios escénicos de México.

Si David Olguín -siempre he pensado- es un niño gigante que juega a hacer y escribir Teatro, cuando reflexiona también lo hace con asombrosa diversión y sobre todo con una precisión digna del mejor cirujano del mundo. Su texto publicado en el suplemento El Laberinto analiza la relación que ha tenido el Teatro con el espectador y la que tendrá una vez que se regrese a eso que todo mundo ha llamado “la nueva normalidad”. Así como la generación de contenidos escénicos virtuales a raíz del parón sanitario.

El futuro resulta incierto. La vacuna se vislumbra, pero seguimos sin la certeza de para cuándo. Mientras tanto los mexicanos se siguen contagiando, otros muriendo y unos más sufriendo a raíz de la pérdida de empleos o del desconocimiento de un futuro. De una u otra forma, muchos están conectados a un respirador con el afán de resistir antes de perder eso que nos mantiene con vida: los sueños, las ilusiones.

El Teatro y en sí las Artes Escénicas están a la espera de un color de semáforo para volver a abrir telones y tanto el hacedor como el espectador teatral tienen varias preguntas y dudas sobre cómo serán ahora las nuevas puestas en escena:

¿Habrá contacto? ¿Se besarán los artistas? O ¿presenciáremos obras frías, distantes y con caretas o cubrebocas como parte del vestuario teatral?

Como espectador asiduo y adicto al Teatro, y como ente ansioso y depresivo que soy, tengo una invitación o una provocación que hacerles a mis amigos teatreros: cuídense, háganse exámenes médicos, pero no hagan del Teatro una extensión de la pandemia. Aprovechen y vendan el contacto y el beso en escena como algo novedoso, prohibido y hasta morboso. Revaloren desde la escena lo importante que es un abrazo o una caricia, los trascendental que resulta un beso y lo celestial que es el sexo.

El mexicano y el latinoamericano es un ser festivo y la reunión, el tacto son parte primordial de su día a día; hoy con las nuevas tecnologías y las nuevas filosofías tanto el sexo como cierto tipo de contacto se han “popularizado” tanto que en algunos casos han perdido un poco de impacto o valor. Disculpe, querido lector, soy un romántico irredento y sin remedio alguno.

Hoy el Teatro y las Artes Escénicas tienen una oportunidad valiosísima para volver a darle una carga simbólica al contacto y la reunión humana. Si los libros y algunos contenidos virtuales donde el Teatro y la Música nos han salvado de la locura, pues habrá que encontrar los caminos para que eso siga siendo el lugar seguro, el botón de escape de la rutina y la aceleración de cada uno de los mexicanos, y sí, también el salvavidas ante un episodio de desamor, tristeza o desilusión.

Hoy más que nunca el artista y el Teatro tienen la oportunidad de aprovechar las herramientas virtuales para comenzar a formar públicos, para llegar a otros públicos a los que probablemente no se habían imaginado y para comenzar a construir proyectos alternos, híbridos donde se siga haciendo Teatro de la manera tradicional, pero también se opte por la tecnología para llegar a otros lugares inimaginables antes. Si la Ópera se graba o transmite en vivo, no veo por qué no pueda hacerse con el Teatro. La música académica, Cirque du Soleil, los músicos en general ya estaban acostumbrados a grabar sus espectáculos y transmitirlos por TV o plataformas digitales. Es momento de que el Teatro aproveche el sisma e incursione el ámbito.

Es momento de que la tecnología no sólo sea parte de la escenografía o vestuario teatral si no que pase a ser parte activa de una obra teatral.

Pero sea como sea, ya urge regresar al Teatro, retornar a la vida, al abrazo, al beso y a la fiesta.

Yo extraño ir de visita a la CDMX, sufrir por no saber qué obra iré a ver, esperar al termino para agradecer a los actores o saludar a las amistades teatrales, luego ir por la cena y la chela, y vivir de noche, de día, sabiendo que siempre estará el Teatro, el museo, la librería, el café o la cantina para desconectarme del mundo y recargar pilas para enfrentar la vida que tiene mucho de bello y otro tanto de pinche.

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