Opinión

Militarización o no militarización, ¿ese es el dilema?

jueves, 30 de julio de 2020 · 19:04

Twitter: @GNava1980

Desde que inició la guerra contra el narcotráfico en 2006 la discusión sobre militarización ha estado en la agenda de la academia, la de analistas y especialistas en seguridad y en la de la sociedad civil organizada. No se había alcanzado un consenso hasta el 17 de julio pasado, cuando el Presidente anunció que el Ejército y la Marina asumirán el control y la vigilancia de los puertos y aduanas marítimas y terrestres para combatir la corrupción, el contrabando y el narcotráfico. La mayoría de quienes discuten este tema concluyeron que todo lleva a un escenario de militarización.

Desde que el Presidente de la República tomó el cargo en diciembre de 2018, ha delgado cada vez mas funciones a las Fuerzas Armadas Mexicanas, a pesar de que en el pasado fue el principal crítico y oponente al empleo de éstas en funciones de seguridad pública.

Hablar de militarización es un tema que requiere un análisis crítico, sin filias ni fobias ideológicas o políticas y consulté el tema con mi mentor en temas de Defensa el Dr. Guillermo Pacheco Gaitán.

Conocí al Dr. Pacheco durante mi primera estancia en el William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies de la National Defense University, EEUU.. Es especialista en temas de seguridad y defensa, relaciones político-militares y relaciones civiles-militares. Ha sido consultor político del Ministerio de Defensa en Guatemala y es una de las principales voces que hablan sobre el diseño de las fuerzas armadas para el futuro.

En primer lugar, el Dr. Pacheco señala que el punto de partida para entender si en México hay o no militarización es definir el concepto.

El Dr. Pacheco señala que militarizar implica que la conducción política, la toma de decisiones y la propia institucionalidad se basan en la doctrina y formación militar y que las relaciones políticas se dan entre miembros de las fuerzas armadas, sin intermediarios políticos civiles. Señala que el ejemplo más claro de militarización es el de la Secretaría de Defensa Nacional de nuestro país, en la que desde el Secretario de Defensa hasta el soldado raso son militares de carrera en activo. Se rigen por la doctrina militar y su función principal es la de Defensa Nacional. Aunque existen civiles algunos son asimilados obteniendo un grado militar, adquiriendo los derechos y obligaciones de la vida castrense. Estos elementos asimilados no ocuparán cargos de alto mando en la institución.

Hasta aquí hay cierto grado de claridad respecto a la idea de militarización, sin embargo, hablar de lo que no es militarización es mas complejo. Para el Dr. Pacheco si la institucionalidad y el marco legal es civil no hay militarización, pero puede darse un modelo híbrido que se explica con un conductor político de origen militar que hace la conducción política y la toma de decisiones en el ámbito civil. Puede haber influencia en la conducción y en la toma de decisiones de la doctrina militar, pero la institucionalidad continúa siendo estrictamente civil y se rige por marcos legales completamente civiles

En segundo lugar, debemos conocer cuales son las funciones de las Fuerzas Armadas.

En 2013 el Dr. Pacheco nos propuso un modelo que él analizaba desde hacía tiempo. Me recordó el tema durante nuestra reciente charla. Las fuerzas Armadas tienen cuatro funciones en las que pueden ser empleadas:

1. Funciones tradicionales: Son todas aquellas que se refieren a la Defensa Nacional y que tienen como objetivo defender el territorio nacional de enemigos externos de origen estatal.

2. Funciones no tradicionales: las Fuerzas Armadas participan en la atención de las nuevas amenazas o amenazas no tradicionales que de acuerdo a la Declaración sobre Seguridad en las Américas de la OEA firmada en México en 2003 son: el terrorismo, la delincuencia organizada transnacional, narcotráfico, la corrupción, el lavado de activos, el tráfico ilícito de armas, la pobreza extrema y la exclusión social, los desastres naturales y los de origen humano, el VIH/SIDA y otras enfermedades, otros riesgos a la salud y el deterioro del medio ambiente, la trata de personas, los ataques a la seguridad cibernética, daño en el caso de un accidente o incidente durante el transporte marítimo de materiales potencialmente peligrosos, incluidos el petróleo, material radioactivo y desechos tóxicos; y la posibilidad del acceso, posesión y uso de armas de destrucción en masa y sus medios vectores por terroristas.

3. Misiones internacionales: Misiones de paz o estabilización. Incluyen las actividades como observadores de misiones de paz en las que México participó durante muchos años, hasta que desde 2015 empezó a participar en la parte operativa de estas misiones.

4. Misiones de Desarrollo: Un ejemplo claro es el Plan de Defensa Nacional III que conocemos como DN-III y que se enfoca al rescate y apoyo de la población en caso de desastres naturales y en la ayuda para la recuperación de la población luego de estos desastres.

En tercer lugar, debemos considerar que las Fuerzas Armadas cumplen funciones diferentes a las tradicionales desde hace muchos años. Por ejemplo en Protección Civil participan desde 1985 cuando después del terremoto trabajaron con autoridades civiles para crear el Sistema Nacional de Protección Civil. En combate a las drogas participan desde la década de los 70 con el despliegue de la Fuerza de Tarea Cóndor que operó en Sinaloa, Durango y Chihuahua y en 1987 la Fuerza de Tarea Marte. En materia de seguridad pública en1999, la 3ª Brigada de la Policía Militar conforma la División de Fuerzas Federales de Apoyo de la nueva Policía Federal Preventiva, etc.

Desde 2001, las Fuerzas Armadas en todo el mundo participan de forma importante en funciones no tradicionales, particularmente por los atentados del 11S pero también porque gracias al desarrollo de la Diplomacia y del Derecho Internacional, hoy las posibilidades de una guerra como tradicionalmente la conocemos son remotas.

Basados en mi conversación con el Dr. Pacheco podemos ver que estos elementos nos ayudan identificar si las estrategias y decisiones del Presidente de la República en torno a la seguridad ciudadana, migración, atención de la pandemia de SARS-COV2, construcción de infraestructura y recientemente la supervisión de aduanas y puertos marítimos por parte de las Fuerzas Armadas obedecen a un proceso de militarización.

1. La seguridad ciudadana si puede considerarse como militarizada: La conducción política y la institucionalidad deriva de la doctrina militar. Aunque en el marco legal de la Guardia Nacional se establece que debe ser dirigida por un mando civil, la realidad es que el mando de esta institución es un militar en situación de retiro que no tuvo tiempo de experimentar la vida civil antes de su incorporación a la Guardia Nacional. La formación y capacitación de los elementos se da en instituciones militares de acuerdo con la Ley de la Guardia Nacional. La decisión de militarizar la seguridad ciudadana obedece a la creciente debilidad de las instituciones policiales de los tres órdenes de gobierno y a diversas coyunturas políticas que han obligado a emplear a las fuerzas armadas en esta función sin una visión estratégica sobre su evolución y su futuro.

2. El gobierno federal actualmente no está militarizado: Hoy funciona el modelo hibrido que hemos explicado anteriormente con la variación de que los secretarios de Estado son civiles que hacen la conducción política y la toma de decisiones bajo un marco jurídico completamente civil, sin influencia de una doctrina militar; pero son apoyados y fortalecidos por las Fuerzas Armadas. Igual que en la seguridad ciudadana el apoyo y coadyuvancia del Ejército y la Marina son necesarios por la debilidad de las instituciones del gobierno federal provocada principalmente por la corrupción política y la impunidad.

Todas las funciones que el Ejecutivo Federal ha asignado a las Fuerzas Armadas se recogen en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, el Programa Sectorial de Defensa 2020-2024 y en el Programa Sectorial de Marina 2020-2024. Los objetivos de estas instituciones son claros y son más claros aún los limites que tienen en términos de autoridad, responsabilidad y temporalidad.

Del hecho de que sí existe militarización en la Seguridad Ciudadana, que aún no hay militarización en otros sectores estratégicos del gobierno federal, pero que a las Fuerzas Armadas les esta asignando el control y ejecución de diferentes objetivos de gobierno (construcción de infraestructura, supervisión de aduanas, atención a migrantes; construcción, operación y seguridad de hospitales SARS-COV2,…) me conduce a las siguientes reflexiones:

· Las conclusiones respecto al dilema militarización no-militarización son a través de la perspectiva de seguridad y defensa, y de las funciones que bajo estos conceptos desarrollan las Fuerzas Armadas. El análisis bajo otras perspectivas, como la de derechos humanos, pueden llevarnos a resultados diferentes.

· La definición del dilema no es problema menor, pero en mi opinión lo que realmente es importante es la rendición de cuentas y la transparencia. En la actual administración federal estos mecanismos se han visto opacados por una estrategia de comunicación social que tiene como objetivo crear una percepción positiva y aprobación de gobierno más que informar. Las instituciones de control administrativo y anticorrupción hoy son más mediáticas que operativas.

· La Seguridad Nacional no es un pretexto para la opacidad. Cuando se trata de funciones no tradicionales los ciudadanos tenemos el derecho y debemos exigir conocer lo que las Fuerzas Armadas están haciendo, cómo lo hacen, cuánto gastan y sobre todo cuales son los resultados que han alcanzado. La información de la construcción del Aeropuerto de Santa Lucía se reservó por motivos de Seguridad Nacional impidiendo la rendición de cuentas y transparencia. Toda la información sobre la adquisición de predios, diseño, construcción, operación y finanzas se reservó hasta después del final de este sexenio.

· La rendición de cuentas y la transparencia fortalecen las relaciones de las Fuerzas Armadas con la Sociedad Civil, una relación que nos ha costado mucho trabajo construir y que no es momento de perder.

El Presidente de la República ha tenido que echar mano de las instituciones mas sólidas del Estado Mexicano porque el escenario es cada vez es más complejo, volátil e incierto y la población exige soluciones efectivas en el corto plazo. Existen alternativas, pero el tiempo apremia.

El riesgo es que el Ejecutivo Federal ceda a la tentación emplear a las Fuerzas Armadas en contra de la democracia ya sea para mantener los niveles de aprobación y el capital político que conlleva, o en un escenario catastrófico, para mantenerse en el poder. La responsabilidad ciudadana de ejercer nuestros derechos para ser un contrapeso será fundamental, pero debemos ser conscientes de que el ejercicio de nuestros derechos será benéfico para el país si nos esforzamos en dejar de lado los elementos que nos dividen y polarizan como mexicanos.

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