Opinión

Ideología y Gobernanza Global; el orden dentro del desorden

miércoles, 29 de julio de 2020 · 14:42

Por Pedro Casas Alatriste
Twitter: @PedroCasas

Si de algo podemos estar seguros hoy es a no estar seguros de nada. La incertidumbre se ha convertido en la nueva norma y ante esto, hay ciertos elementos con los que la comunidad internacional puede y debe generar certidumbre.

Los problemas que venían encarrilados antes de la pandemia se han acelerado y son aún más evidentes: los nacionalismos, el regionalismo comercial y sus guerras, la carencia de liderazgos de oposición, el fracaso en la lucha contra el cambio climático, la descomposición de los organismos internacionales y la crítica a la globalización. Este es el mapa de las complejidades más evidentes del sistema mundial que el coronavirus llegó a impulsar sus procesos de radicalización.

Frente a este intenso caldo de cultivo, las distopías propuestas hace unos meses, son hoy escenarios dignos de analizar. La posibilidad de guerras armadas, cibernéticas o biológicas son cada vez más reales. La integración del orden político mundial, los organismos internacionales y los valores de las democracias liberales, penden de un hilo. El ser humano y sus sociedades tienden a tomar osadas decisiones frente a la incertidumbre y el riesgo. Es por esto que ante un escenario como tal, es relevante brindar certeza en los espacios donde se puede. Los grandes liderazgos se tienen que mostrar para evitar una catástrofe aún mayor.

Existen dos grandes espacios donde las potencias y voluntades políticas deben ceder, unirse y marcar una agenda clara de futuro: el liderazgo ideológico y el fortalecimiento de las instituciones de gobernanza global.

Tras décadas de lucha entre el capitalismo y el comunismo, seguido por la victoria del primero, tanto la pugna ideológica como su más mínimo cuestionamiento pasaron al último plano de interés; la suerte estaba dictada y no había más por discutir. Este letargo en el cuestionamiento práctico sobre el sistema dominante ha llegado a un punto de inflexión. El mundo tiene que decidir qué sigue. En vez de tener una lucha descabezada de ideas y temas aislados, los liderazgos internacionales tienen que salir a defender los valores de las democracias liberales necesarios en pleno siglo XXI; definir los irrefutables. En estos momentos de crisis, la agenda global tiene que estar enfocada en resguardar dichos valores y acompañarlos de la tecnología para acabar con la pobreza, reducir las desigualdades económicas y de oportunidades, combatir el cambio climático, favorecer el acceso a mercados y al internet; con todo lo que esto conlleva.

Por último, esto debe ir arropado por un sistema de gobernanza global reestructurado para asegurar los fines susodichos. Las carencias que esta crisis ha evidenciado en los organismos multilaterales – la ONU, la OMS, la OMC, etc. – no son razones para eliminarlos. Por el contrario, debemos corregirlos y robustecerlos. Es muy importante entender sus debilidades, para entonces así, reconstruir un sistema funcional para solventar las necesidades de la humanidad en su conjunto.

El orden internacional moderno es un edificio que se construyó hace décadas, ha sufrido tempestades que lo agotan y muestran sus no-sorpresivas debilidades. Ante el terremoto que hoy estamos sufriendo, el peor error sería que cada país refuerce su piso de manera individual y que otros opten por aventarse por la ventana y buscar nuevas oportunidades de manera aislada. Tenemos que bajar a reforzar los cimientos, generar certidumbre y sobre eso, seguir construyendo.

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