Opinión

Jornalero digital... la nueva explotación laboral del siglo XXI

lunes, 13 de julio de 2020 · 18:00

Sobre la mesa
Twitter: @gerardohdz_p

En la pandemia, el trabajo de repartidores y conductores de aplicaciones fue esencial, pero sin derechos laborales. Si bien, la actividad en las plataformas digitales ha sido un pequeño paleativo para que algunas personas no se quedaran sin ingresos, la pregunta es ¿A costa de qué?

Las aplicaciones como Uber, Didi, Cabify, Beat, Rappi, Sin Delantal, Uber Eats, Didi Food, entre otras, están llevando a una nueva crisis de derechos laborales en la economía digital, una fuerza laboral explotada y sin buenas condiciones de trabajo.

A través de un esquema de “trabajo colaborativo”, las aplicaciones se han desligado de cualquier responsabilidad patronal como seguridad social, proporcionar herramientas de trabajo (como automóvil, moto o bicicleta), aguinaldo, vacaciones y prima vacacional y hasta reparto de utilidades.

Las ganancias de estas empresas no sólo se miden por la cantidad de viajes y pedidos que realizan estos “jornaleros digitales”, también hay que sumarle lo que se ahorran en el incumplimiento de obligaciones patronales, las cuales no tienen porque desconocen la relación de trabajo con repartidores y conductores.

Y mientras las aplicaciones se hacen ricas, los jornaleros digitales trabajan sin ninguna garantía, arriesgando el pellejo en las calles sin un patrón que responda por ellos, sin acceso a una incapacidad y un ingreso por los días que no puedan trabajar.

¿Qué tan cierto es el adjetivo “socio”? ¿Realmente existe el trabajo colaborativo? Al menos en las plataformas digitales que mencionamos se trata más de una simulación para evadir las responsabilidades que tiene cualquier otro empleador en México.

La economía colaborativa, es aquella donde sólo se conecta a cliente con prestador de servicio, pero hay autonomía para fijar los precios y no existen penalizaciones por no aceptar prestar el servicio; además, no hay políticas tan estrictas en cuanto a la forma de brindar el servicio y tampoco candados tan rigurosos para darse de alta… La aplicación sólo conecta oferta con demanda pues.

Este tipo de condiciones no se ven para nada en las aplicaciones como Uber, Didi, Rappi y similares. Por el contrario, los repartidores y conductores nunca tienen control sobre los precios y ni en la transacción; rechazar viajes -aunque sea porque implica entrar a una zona de riesgo- tiene repercusiones y el servicio se presta bajo ciertas condiciones que establece la aplicación, no de otra forma. Y la cereza del pastel, no cualquiera puede darse alta en la plataforma, hay un proceso de admisión que se compara, en muchas ocasiones, al del reclutamiento tradicional de las empresas.

Así es, esto es la nueva subordinación del Siglo XXI, sólo que en plataformas digitales. Para muchos es complicado visualizarlo de esta manera porque estamos acostumbrados a ver al trabajador subordinado en un centro de trabajo, con un jefe físico que da órdenes y que el empleado tiene que acatar, vendiendo un producto u ofertando un servicio con precios sobre los que no tiene injerencia.

El problema es que las legislaciones en el mundo se han quedado cortas ante la nueva dinámica laboral que plantean las aplicaciones. Esas lagunas legales, que en nuestro país no son la excepción, han sido el campo perfecto para que estas empresas sigan teniendo sus ganancias a costa de la degradación de los derechos laborales.

La flexibilidad que ofrecen estas aplicaciones no es mayor que la subordinación a la que están sometidos quienes conducen o reparten alimentos a través de ellas.

El Estado mexicano necesita entrar decididamente al debate para regular la relación laboral en las aplicaciones de transporte y comida. Estados como California no han titubeado en hacerle frente a las plataformas digitales en favor de garantizar el trabajo decente de la nueva fuerza laboral.

Siempre he reconocido que las aplicaciones han llegado a satisfacer necesidades del mercado y es bueno que los negocios se reinventen, pero esta transformación no puede ser acosta del trabajo precario.

El contexto político de México en estos momentos es favorable para discutir la regulación laboral de las aplicaciones, porque el nuevo gobierno ha dado señales del interés por mejorar el trabajo en nuestro país, sólo falta entrarle al tema con decisión.

Porque mientras esta discusión se retrasa, más personas acuden a estos trabajos caracterizados por la precariedad, donde la falta de seguridad social los deja desprotegidos ante un accidente de trabajo y, en casos más extremos, sin un ingreso garantizado por los días que estén incapacitados.

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