Opinión

Coctel de camarón

sábado, 13 de junio de 2020 · 11:05

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Existen estudios científicos que avalan que el lazo entre un padre y su hijo puede ser tan o más fuerte que el de la madre biológica, pues esta conexión, contrario a lo que se piensa, no es innata, sino de convivencia. En mi caso, tengo la bendición de contar con esos dos grandes amores en mi vida y hoy, estas líneas, son para quien celebramos en junio, mi papá.

De mi papá he aprendido muchísimas cosas. Una de las más importantes es a hacer lo que me gusta con pasión y entrega. Así era él en el rancho y ello me llevo muchos años a querer ser veterinaria como él. Si bien no estudié esa carrera, sí amo a los animales, hago mi trabajo con pasión y escribo esta columna con toda mi dedicación en cada entrega. Hablando de temas culinarios, de mi papá aprendí una de las cosas más valiosas para quienes nos declaramos amantes del buen comer®: probar de todo. La filosofía de mi papá es simple y certera: tú prueba, sino te gusta, sabrás que efectivamente algo no te gusta (no que lo desconoces, que es diferente); y si sí te gusta, habrás ganado un nuevo sabor en tu vida. Gran parte de mi amor por la comida viene de ese atrevimiento, gracias a las sabias palabras de mi padre.

Así también muchos de los lindos recuerdos que tengo con mi papá son, precisamente, con alimentos de por medio. Desde sentarnos los dos (yo muy niña), palillo en mano, para devorarnos cabezas enteras de ajos en escabeche (sí, después de eso nadie quería estar a nuestro apestoso lado); pasando por aquel delicioso chocolate de nombre escatológico en bolsita de estraza (bombón cubierto de chocolate con nueces incrustadas simpáticamente denominado “popó”); para llegar a uno de los recuerdos de mayor complicidad que tengo con él: el coctel de camarón.

Durante varios años de mi infancia, mi familia y yo vivimos en el centro del entonces Distrito Federal y mi escuela se encontraba en la Colonia Del Valle. Para llegar ahí, cuando el auto de mi papá no circulaba, utilizábamos el metro. Así, de la estación a la casa, había algunas cuadras que caminar, y entre ellas, un famoso puesto callejero de cócteles de mariscos. Mi mamá, como buena madre, no nos dejaba comer nada antes de llegar a casa para que no dejáramos lo que había preparado. Guardando nuestro secreto hasta hace apenas unos años, de vez en vez, mi papá y yo pedíamos un coctel de camarón que disfrutábamos hasta el último bocado de aquel vasito de plástico, en tamaño chico para no llenar la barriga de más. Las circunstancias cambiaron, y la vida también, y ahora nuestras complicidades siguen vigentes, pero en distinto formato: helados, escamoles, guajolotas, pasteles, etc.

En este día del padre, que la circunstancia adversa no nos impida disfrutar a nuestros papás. Recordarlos con cariño si es que ya no están o gozándolos (presencial o virtualmente) acompañados de algún alimento o bebida que los haga o hubiera hecho feliz.

La vida es para eso, para compartir y para disfrutar, y qué mejor que a lado de seres tan valiosos como nuestros padres.

Sirvan estas líneas para celebrar a nuestros cómplices, primeros amores y superhéroes, a aquellos que nos acompañan en nuestro crecimiento, que nos apapachan y arropan, que nos regañan y corrigen, que nos aman y nos apoyan. Felicidades a todos los papás del mundo que se comprometen para tener mejores hijos y con ello mejores seres humanos.

¡Salud por los papás!

Amante del Buen Comer®