Opinión

Somos humanos

sábado, 30 de mayo de 2020 · 07:58

Twitter: @adelbuencomer

Vivimos en una era tan interconectada, que nuestra vida puede ser compartida en un solo click, nuestros gustos convertidos en publicidad que aparece en las redes sociales, nuestras fotos llegar a rincones inimaginables, nuestras palabras impactar más allá de nuestro primer círculo.

La tecnología nos ha abierto ampliamente las puertas para conocer la vida de los demás con mayor facilidad.

Al mismo tiempo, nos encontramos en una sociedad que demanda éxito, felicidad y versatilidad. Esquemas, ídolos e intereses se conjugan, para generar patrones de conductas, estandarizando lo que se entiende por “éxito”, “felicidad”, etc. Así, por ejemplo, una persona empoderada es aquella que además de tener una familia perfecta (lo que sea que esto signifique), es capaz de lidiar con los retos de su trabajo, lee más de tantos libros al mes, tiene un cuerpo perfecto, mientras toma tanto curso como le es posible. Según los nuevos estándares, la felicidad y el éxito se cumplen palomeando estos y muchos otros requisitos.

Y si bien esta demanda social es complicada de alcanzar y no necesariamente se alinea a nuestra forma de ver la vida ¿qué sucede cuando estamos ante una crisis inimaginable como la que actualmente estamos pasando? ¿tenemos que seguir manifestando esa entereza e integralidad a pesar de las vicisitudes?

En mi humilde perspectiva, una de las bondades más grandes con las que contamos los seres humanos es precisamente nuestra capacidad de sentir, y es justamente nuestra condición humana la que debemos cuidar y trabajar en épocas de crisis. Si una maquina puede claudicar ante nuevos e irreconocibles situaciones, un ser humano, con mayor razón.

Así, como buen ser humano que soy, la crisis ha llegado también a mi vida y la he dejado manifestarse para a partir de ahí volver a resurgir. Aquí les comparto algunas herramientas esperando les sean de utilidad para hacer frente de una manera más amable a esta situación.

Arropémonos en esos espacios, momentos, seres y personas de confort. Un momento de silencio ante la ventana o balcón, una oración al cielo, una caricia a tu mascota, una llamada a ese ser que nos hace reír, una carta a la nada, una canción… recordemos y retomemos esas cosas que nos llevan a respirar tranquilos y avanzar en paz.

Permitámonos hacer nada (o como dicen los italianos dolce fer niente). Entre esa demanda social que vivimos día a día, en ocasiones no dejamos la normalidad habitual aún en momentos difíciles y eso no necesariamente nos lleva al mejor resultado. La crisis es una anormalidad y eso debiera llevarnos a poder descansar de querer seguir en el acelere de la continuidad.

Autoricémonos a llorar y descansar el alma. Manifestar entereza es una cualidad bien valorada, sin embargo, no necesariamente es la más humana de las virtudes. Dejemos hablar al alma, con una lágrima, un suspiro o la conjunción de ambos.

Si es necesario, busquemos ayuda profesional. Muchas veces el problema va más allá de nosotros y, una de las ventajas de este siglo XXI es la des estigmatización de la salud mental y el apoyo en sus profesionales. No tengamos pena en recurrir a ellos si es necesario, tan importante es nuestra espalda y nuestros riñones, como nuestra mente.

Seamos selectivos con lo que leemos, escuchamos, compartimos. Si en otras épocas la falta de información era lo que llevaba a malas situaciones o decisiones, hoy el exceso de ella está generando el mismo efecto. Tratemos de hacernos de fuentes fidedignas de información y de evitar aquellas que solo buscan el pánico desinformado y mentiroso.

Seamos empáticos. Tratemos de entender la realidad del prójimo, busquemos la perspectiva común y acompañémonos en esta crisis. Todos vivimos la misma tempestad, sin embargo, no todos vamos en el mismo barco.

La vulnerabilidad no es sinónimo de fracaso, por el contrario, es la manifestación viva de nuestra humanidad. Sirvan estas líneas para acompañar a quién hoy necesita un consuelo, un abrazo, un espacio de paz o una mano amiga de refugio.