Opinión

El presidente no está a la altura de su poder. ¿Para qué más poder si ni puede?

miércoles, 13 de mayo de 2020 · 16:19

Twitter: @MARIAGYP

En la vida reciente de México, Andrés Manuel López Obrador, es el primer Presidente que ostenta todo el poder. Pero parece que no le alcanza, cada día quiere más, nunca es suficiente. El problema es que no está a la altura de su poder. No está a la altura de la crisis de la pandemia. No está a la altura de la crisis económica. No está a la altura para combatir la ausencia de seguridad que se avecina y que se agudizará por su soberbia e incapacidad.

"Alguien que gana la elección con 53% de los votos y tiene formas de alcanzar mayorías en el Congreso tiene que ejercer ese poder", dice a BBC Mundo, Carlos Heredia, del Centro de Investigaciones y Docencia Económicas (CIDE). Y "eso es lo que está haciendo. La gran pregunta es para qué quiere ese poder". 

El llamado “complejo de Napoléon”, describe a personas de corta estatura que compensan dicha falta mostrándose agresivos, escandalosos, egomaníacos, etcétera. López Obrador es un Presidente de 1.73 cm de altura, por cierto, a sus 66 años cada vez más chiquito, pero con mucho poder.

El presidente de México, que buscó durante 18 años el poder, tiene el control del presupuesto, es el jefe el partido del poder, controla vía Morena (Movimiento de Regeneración Nacional), que fundó  el 2 de octubre de 2011, los cargos de elección popular. Controla los organismos autónomos o en vías de hacerlo. Controla la política económica desde Hacienda. Controla el total de las fuerzas de seguridad y del Ejército. Pero resulta que ese poder no le es suficiente, aunque este presidente con tanto poder tampoco es suficiente para los mexicanos. Todo indica que no sabe qué hacer con tanto poder.

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Apenas el 12 de mayo se publicó en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo para que soldados y marinos puedan encargarse de tareas de seguridad pública en el país, “complementando” a la Guardia Nacional a partir del 13 de mayo y hasta marzo de 2024. Es decir, militares al control. Medida que deploró en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, hoy abraza esa medida. 

López Obrador, a pesar de tener mayoría en los congresos, a solo año y medio de su gobierno, no ha podido dar soluciones viables ante la inseguridad que enfrenta el país, por lo que en un ejercicio de autoritarismo, recurre a los decretos. 

Quiere controlar a los medios de comunicación y a los empresarios. Le gusta tener el control de la narrativa, de la agenda política. Le gusta acaparar la atención de los medios y de la población. Ahora quiere controlar a las redes sociales, a las que llama “malditas” cuando lo critican. El político tabasqueño, que tomó la avenida reforma durante seis meses, tiene delegados en los estados donde no gobierna su partido, propone además, los gobernadores para el Banco de México. Controla la política exterior y, todo indica que designará a su sucesor en 2024. Incluso, no podemos descartar que se auto designe, porque “el pueblo se lo pida”.

No ha sabido evitar en crisis y en no crisis, la caída del empleo y de la economía de los mexicanos. Tampoco puede controlar su carácter, que a la primera de cambios, se ofusca y solo culpa al pasado. Siempre hay fuerzas malignas y externas como Calderón, los conservadores, o el neolbieralismo, para atribuirles el mal. No sabe consensar, para él el consenso es están conmigo o están contra mí. No sabe dialogar, ni escuchar. No ve la realidad. Lleva la negación por argumento y no ha demostrado ser capaz de cambiar de opinión. Los hechos, las pruebas sobran con él. Todo lo quiere resolver con consultas patito y sin transparencia. Lo que tiene de trasfondo ese sistema es hacer creer que deja la toma de decisiones a los ciudadanos, simulando el traslado de la toma de decisiones del poder público. 

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Tampoco ha podido ser congruente con sus promesas y quejas de campaña. Se vendió como un defensor de la democracia, como un gobierno honesto y que acabaría con la corrupción. 

Además, sin saber sabiendo, desde campaña se codeó con algunas  caras  de la corrupción, como Manuel Barlett o Ricardo Salinas Pliego, sus consentidos. Gracias a su relación con ellos, por mencionar solo dos casos, a quienes ha mantenido intocables, su gobierno ha decepcionado a muchos que lo veían casi como impoluto, pues al defender lo indefendible, se convirtió en un gobierno más, aunque con todo el poder. Lo que enciende las alertas en el circulo rojo.

Para el historiador Héctor Aguilar Camín, López, es un mandatario con un poder "inconmensurablemente mayor que el que recibió en las urnas". Mientras que el escritor Mario Vargas Llosa, advierte de síntomas "de que se puede estar construyendo dentro de este sistema, un sistema paralelo que podría ser peligroso".

Pero según la BBC Mundo, "está reconstituyendo la institución presidencial pero con límites.

Sin duda, como diría el empresario y escritor, Robert Kiyosaky: “Si hay endorfinas en el amor, el crush que existe en el poder puede ser superior”.