Opinión

Campechaneo Político

martes, 12 de mayo de 2020 · 13:24

Twitter: @marisahurtadom

Por años, y alrededor de todo el mundo, hemos observado el campechaneo político. Y con campechaneo político me refiero al transfuguismo que ha sido practicado por diferentes políticos, en el que se desligan de su partido a fin de unirse a otro, o convertirse en representantes independientes.

Pero ¿por qué ocurre esta situación? ¿Qué circunstancias provocan que los políticos decidan abandonar una causa y abrazar otra? Existen razones legítimas, como el considerar que el partido cambió de rumbo ideológico o ya no representa sus ideales o valores. Sin embargo, no dejan de existir los vividores, corruptos y oportunistas, que sólo buscan ocupar un cargo público que cumpla con sus intereses personales.

Por otro lado, los partidos han tenido una profunda pérdida de legitimidad, ya que en muchos casos se han convertidos en simples maquinarias electorales, utilizadas por ciertos grupos para controlar y acceder al poder, lo que a su vez provoca que los políticos se sientan cada vez menos obligados a pensar en la ciudadanía y en el bien común.

Se podría ver al tránsfuga como una persona a la que meramente se le asocia con los aspectos más negativos de la naturaleza humana: traición, deslealtad, codicia, avaricia, etcétera. No obstante, este tipo de conductas también pueden considerarse virtuosas cuando su objetivo es romper y oponerse al grupo dominante, para promover el cambio político. Desafortunadamente, a nivel mundial, el primer escenario es el que ha predominado.

A partir de esto, sólo puedo cuestionarme ¿en qué momento se perdió la relevancia de los partidos y la necesidad de construir una clase política leal al mandato ideológico que representan? Desgraciadamente, la primera respuesta que viene a mi cabeza es que el transfuguismo se ha convertido en la forma de hacer política. La disidencia partidista ha demostrado ser una herramienta rentable, en la que se puede acceder al poder al presentarse con otras siglas y argumentando que el partido es el que ha fallado. Lejos ha quedado la disciplina, la unidad partidista y la lealtad hacia una línea de pensamiento que realmente reflejara los principios de un político.