Opinión

Las violencias contra las mujeres

martes, 8 de diciembre de 2020 · 13:46

Twitter: @P_Mancebo

Hace unos días, el 25 de noviembre, se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y con ello iniciaron los 16 días de activismo contra la violencia de género que culminan con el Día de los Derechos Humanos.

Ligar la eliminación de la violencia con los derechos humanos no es casualidad. De hecho, resulta fundamental considerarlos para institucionalizar mecanismos para la protección, erradicación e inclusión de las mujeres en la vida social.

Cuando hablamos de violencia, hablamos de muchos tipos de violencias, están las más obvias, las físicas, las que dejan moretones y marcas en la piel, pero también, hay violencias más difíciles de observar como las económicas, las psicológicas y las institucionales.

Las violencias institucionales son aquellas que están normalizadas en el comportamiento de las empresas, escuelas, instituciones de gobierno y de muchas instancias con las que las mujeres tenemos contacto día con día.

Quisiéramos que este tipo de violencias fueran más obvias, que dejaran marcas visibles, pero desafortunadamente no es así, porque en medio de ellas están muchos micromachismos, discriminación e invisibilidad que han operado por décadas.

Las violencias institucionales del estado pasan todos los días frente a nosotros, cuando el presidente señala que por el neoliberalismo las mujeres hemos dejadas abandonadas las labores de crianza y que eso ha desencadenado ruptura del tejido social y delincuencia.

Puede ser cierto que a nivel psicológico muchos individuos consideren a las madres trabajadoras como “abandonadoras” y eso genere un daño en las personas, no omito que no exista. El asunto es cómo las mujeres hemos luchado por décadas y más este último siglo por ocupar espacios públicos, por tener trabajos dignos, por desarrollarnos a plenitud.

La violencia institucional se oculta en un discurso que no compagina la crianza y el trabajo, donde los hombres no tienen derecho a pasar tiempo de crianza con sus hijos o donde no existen programas y políticas que involucren por igual a los encargados de la crianza.

También está la violencia del mercado laboral que sigue preguntando por los planes de vida y las edades de los hijos. Las mujeres que no acceden a mejores puestos porque sus hijos son pequeños y se piensa que van usar tiempo valioso de la empresa en tareas de cuidado.

Cuando el estado omite esta problemática, revictimiza a las mujeres, porque las obliga a convertirse en las superheroínas que puedan compaginar todos sus roles sin ningún apoyo de protección social. Sin guarderías, por ejemplo, se condena a las mujeres a no trabajar o a llevar a sus hijos a los centros de trabajo, sin pensar en los peligros a los que están expuestos esos menores.

En pandemia estas violencias se metieron abajo del tapete, se les añadió a las madres el rol de ser maestras o supervisoras del logro educativo de sus hijos. Es cierto, no se puede hacer mucho, pero tampoco las autoridades, ni en las conferencias de las siete horas se ha salido del discurso del echaleganismo que aumenta la carga mental de las mujeres y las condena al hazle como puedas.

Estas violencias no van a cambiar si no ponemos los ojos en ellas, si no reclamamos apoyos institucionales dignos para la crianza, para la educación, para la nutrición y la salud de las familias.

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