Opinión

AMLO: lo bueno y malo de sus dos años

viernes, 4 de diciembre de 2020 · 08:59

Twitter: @AlfiePingtajo

Ya son dos años de la administración encabezada por AMLO. Dicho de otra forma, se ha cumplido un tercio del comienzo de su mandato. Dos años de claroscuros.

Dos años donde la violencia provocada por el narcotráfico no ha parado, donde la militarización ha aumentado y, donde el COVID19 y el pésimo manejo de esta pandemia por parte de Gatell ha cobrado miles de vidas y ha multiplicado los contagios; sus índices catastróficos ya se rebasaron y no cambia la estrategia.

El neoliberalismo -ciertamente- generó muchas víctimas en los ámbitos socio-económicos. Pero el lopezobradorismo ha cobrado sus facturas sin importar a quién se esté llevando por entre las patas. La visión política ha cambiado, pero los métodos parecieran ser los mismos.  

Da la impresión de que en Palacio Nacional se gobierna con la entraña y el rencor.

Son dos años de un Presidente que busca aleccionar a su pueblo a través de una mal utilizada Carta Moral de Alfonso Reyes y de una preocupante Guía ética para la transformación de México donde se habla de amor al prójimo y del otorgamiento de perdón al delincuente que nos ha violentado; empero desde Palacio sigue existiendo un discurso divisionista y confrontante, se utiliza la tribuna presidencial para acusar, descalificar o perseguir periodistas, escritores, asociaciones civiles y artistas.

Dos años de un golpeteo y una sofocación a la ciencia, la cultura y la educación a través de la disminución de presupuestos, eliminación de fideicomisos, nulo diálogo y nula generación de políticas económicas, culturales y sociales en pro de mejorar las condiciones en las viven y se desarrollan los educadores, artistas, investigadores, científicos, gestores; por nombrar algunos de sus integrantes o ejecutantes.

Y podríamos seguir con un largo enlistado de políticas implementadas que están más cercanas a un gobierno conservador que a uno de izquierda y vanguardia. Pero no alcanzarían los párrafos.

Habrá que reconocerle la congruencia -que raya en terquedad- de aplicar, sin titubeos, a raja tabla su forma de pensar en todas y cada una de las decisiones políticas.

También podría aplaudírsele el vivir austeramente, pues aún no se le ve rodeado de grandes lujos, a excepción de su capricho por vivir en Palacio Nacional; el cual está más cercano a sentirse el Benito Juárez del siglo XXI que a la presunción propia del poder.

Y sin duda, su mejor atributo es la gran capacidad para seguir imponiendo la agenda nacional a través de sus declaraciones mañaneras y la habilidad para desviar la atención a los temas que a él le interesan y que están por encima de las necesidades del país.

Quedan poco menos de cuatro años de gobierno presidencial y el próximo año la sociedad mexicana tendrá la oportunidad de reflejar en las urnas la opinión que tienen sobre estos primeros años de AMLO: regresamos a un congreso más equilibrado y le quitan algunas presidencias municipales a Morena como símbolo de castigo o vuelven a darle carro completo como sinónimo de aprobación.

La moneda está en al aire.

Yo, como todos, quiero que a México le vaya bien y desearía ver a un López Obrador más conciliador, más estadista, más promotor de la cultura, la ciencia y la educación, más liberal, más laico.

Me gustaría, pero lo dudo.