Opinión

Sobrevivir

No tenemos claridad de la duración de la inmunidad de la vacuna, o su garantía frente a casos graves, por ello su distribución es un asunto estratégico, no de mercado.
martes, 29 de diciembre de 2020 · 11:57

Twitter: @P_Mancebo

Sobrevivir se ha vuelto una forma de rebeldía, frente a la enfermedad y la precariedad económica, frente al vacío de los que faltan y nuestra necesidad de adaptación.

Todavía nos falta mucho por sobrevivir, aún no llegamos ni a la mitad de la segunda ola de contagios y la desesperación de muchos se ha hecho presente frente al reclamo de venta libre de las vacunas.

Si se deja de lado el deseo de acceso inmediato a la vacuna y se reconoce que no tenemos claridad de la duración de la inmunidad o su garantía frente a casos graves podremos ver que su distribución tiene que ser un asunto estratégico, no de mercado.

Los neófitos de la economía dirán que en un mercado basta con tener oferta y demanda, pero como en el futbol se necesita también de árbitros, que busquen garantizar el fair play. A este mercado tenemos que añadir la dificultad que juegan los países con las limitaciones y diversidad que impera en el mundo. En ese sentido, se necesitan más que nunca los árbitros, para reducir los acaparamientos y las compras de pánico.

En el mercado nacional se necesita lo mismo, que quienes más tienen no acaparen o definan una distribución basada en la capacidad de adquisición. Mientras la producción de vacunas no cubra la demanda agregada, es decir la de todos los países, no solo la de México, estaremos expuestos a sobreprecios, escasez, desigualdad y riesgos de contagio.

La distribución de la vacuna tiene que ser estratégica porque además del personal de salud como médicos, enfermeras, camilleros, afanadores, entre otros, también está el de la cadena básica de suministros como el que corta el jamón en el súper, el que vende las verduras en el tianguis, el que distribuye en la central de abastos etcétera, etcétera. Esto es fundamental para reducir la pandemia, ubicar quiénes y qué sectores son los de mayor contagio y empezar por ahí.

Y aunque estemos en desacuerdo con la 4T esta vez tiene razón, el gobierno como cualquier otro en el mundo, tiene que ser el centro de la distribución. Elegimos gobiernos para que tomen decisiones estratégicas cuando estamos aterrados esperando que nos salve una vacuna mágicamente sin pensar en que sería más eficiente con una inmunidad estratégica.

Si el temor está en que la distribución de la vacuna sea usada como instrumento electoral, bueno, no seamos inocentes, todos los gobiernos están usando la vacunación como asunto político, porque la pandemia es política. Lo que podríamos hacer como ciudadanos antes de pedir privatización sería exigir fiscalización, transparencia en las estrategias de vacunación, padrones de beneficiaros, reportes de cumplimiento, mapas de cobertura, rastreo, seguimiento y control ciudadano.

El control ciudadano es más difícil y supone más trabajo, pero es fundamental en una situación como esta, hablamos de salvar vidas, de proteger a los que están sosteniendo nuestros servicios básicos, la economía. Tenemos que hacerlo, en cualquiera de los escenarios, porque estamos en año electoral y cualquier pretexto para ganar votos se va a usar. Toca estar atentos y alertas.

La estrategia de vacunación es un entramado complejo de búsqueda de bienestar, de justicia y hasta de moral. Va por los gobiernos una buena parte de la responsabilidad, pero también otro tramo va de nosotros los ciudadanos en ser solidarios, prudentes y desarrollar nuestro ojo fiscalizador.

Solo necesitamos un poco más de paciencia que para el 2022 se prevé que la producción cubra la demanda y pueda ser accesible en muchos lados, mientras tanto, no se quiera saltar su lugar en la fila. Si se puede quedar en casa, usted es la línea de batalla más importante para seguir sobreviviendo.

Mis mejores deseos para este 2021.

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