Opinión

¿Tenemos los funcionarios culturales que merecemos?

Políticos y funcionarios se encuentran lamentando las actuales políticas culturales que la 4T está emprendiendo.
jueves, 17 de diciembre de 2020 · 14:33

Twitter: @AlfiePingtajo

Hace unas semanas comencé a colaborar en la Revista Purgante con textos a partir de la lectura de ciertos libros. Agradezco mucho a su equipo editorial y en especial a Ricardo López Si.

Buscó salir de la convencional reseña. Esperemos resulte.

Dicho anuncio tiene un por qué. Actualmente me encuentro leyendo la novela Tenebra de Daniel Krauze. La forma en que retrata y caricaturiza un poco o un mucho a los políticos me parece maravillosa. Pronto las impresiones de esta lectura. Mientras tanto, les comparto el siguiente ejercicio:

Imagínese sentado en un restaurante -de esos que seguramente hay en todas las ciudades de este país- donde se reúnen a comer, beber o acordar los políticos y funcionarios públicos más importantes. Algunos estarán conversando con algún periodista para decidir cuál será la primera plana o el dato de valor para chingarse a su rival, otros estarán pactando con el enemigo acorde a la conveniencia de sus intereses. Sin embargo, hay un tipo de funcionario que -según algunos- no debería verse en estos lugares: los funcionarios culturales. Empero, usted ve en una de esas mesas a dos exsecretarios de cultura que comparten el pan y la sal, mientras intercambian las experiencias obtenidas, con algunos artistas que les ayudaron durante su periodo (aquí, querido lector, le toca insertar a los artistas, escritores e intelectuales más destacados de su localidad). Los comensales de esta mesa se encuentran lamentando las actuales políticas culturales que la 4T está emprendiendo. Y entre queja y queja, los artistas piden consejos para ver cómo salvan la situación.

Mientras le da los últimos tragos a su whisky en las rocas, busca -con prisa y discreción- en otras mesas y se percata que en ninguna de ellas se encuentran los actuales y principales funcionarios culturales de la 4T. Le parece extraño, aquí están sus homólogos de otras dependencias. La curiosidad le gana y se acuerda que su amistad trabaja con dicho personaje (funcionario debutante y escritor local), así que se anima a preguntarle si estará en algún evento. Su amistad le comenta: “en un par de horas inaugurará un evento en un parque conocido”. Pide la cuenta y al mismo tiempo que el Uber. Llegado al evento, busca a su amistad y le pide caminar a un punto donde pueda escuchar y observar atenta y discretamente. El personaje en cuestión viste un traje que no le queda y la combinación que éste hace tanto con la corbata como con la camisa, le da la sensación de estar ante un aprendiz de funcionario, de esos que piensa que el traje le da poder; aunque a leguas se nota que no llena la embestidura. Aunado a eso, su discurso le deja mucho que desear, no parece realizado por un escritor si no por el dueño de una secta evangelizadora. Palabras como: “salvar; dignificar; nunca más la cultura como accesorio; justicia social; todo para todos menos para los de siempre, los de antes, los fifí”. Su sentido común le exige salir corriendo, pero a usted como al gato: le gusta perder una de sus siete vidas por culpa de la curiosidad. Terminado el acto se acerca al flamante y desconocido funcionario para pedirle una cita. Lo atienda amable y vivarachamente, le dice: “estamos animados, venimos a transformar a Puebla. Por primera vez en muchos años, ahora sí haremos cultura. No como antes”. La idea de secta o de que algunos funcionarios asistieron a una escuela similar a la que van los vendedores del metro, se afianza. Habla igual que la encargada de la Cultura de todo el país. Su cita fue agendada para mañana al mediodía.

Llega puntual. Lo hacen esperar unos minutos. Lo pasan a la oficina de dicho funcionario. Observa el lugar y la decoración no sólo es austera si no poco estética. Sin gusto. No parece la oficina de un funcionario respetable. Pero lo más sorpresivo es que este personaje tiene una serie de objetos que dan la impresión de estar ante un altar cívico-religioso (si es que puede existir es combinación). Usted le hace preguntas sobre a dónde va su proyecto y qué pretende hacer. Cuál Cantinflas: dice mucho y nada parece tener sentido. El discurso vertido es idéntico al de ayer. Lejos de ser elocuente, parece vomitivo. De pronto, le da por observar si en alguna parte de su cuerpo no tiene un botón de apago o una ranura para insertad un CD o una USB. Este funcionario entiende que formar públicos es poner a cualquier cristiano a hacer Teatro sin las tablas necesarias y aun así llevar a otros a verlo. Su desdén por el profesionalismo es asombroso.

Termina la conversación. Sale de la oficina y le viene a la mente una frase de Porfirio Díaz que mentalmente parafrasea un poco: pobre México tan cerca de Frausto, tan lejos de Rafael Tovar y de Teresa o José Vasconcelos.

¿A qué funcionaria o funcionario cultural de su localidad le recordó?

Lejos están los tiempos de aquellos funcionarios culturales que buscaban un equilibrio entre la “alta cultura”, la “cultura emergente”, la “cultura popular” y demás clasificaciones. Lejos están aquellas visiones donde se entendían que un derecho de los ciudadanos es poder acceder -en medida de lo posible- a eventos culturales que sólo podría conocer si tuviera solvencia para viajar. Y parecen extintos los funcionarios que conozcan las leyes culturales tanto nacionales como internacionales.

Hoy en cambio, tenemos funcionarios como Frausto que “desconocen el actuar de su personal”; que destruyen sin analizar o que desaparecen sin encontrar el programa sustituto.

En Puebla tuvimos buenos tiempos con Don Pedro Ángel Palou Pérez, Héctor Azar, Pedro Ángel Palou García y Moisés Rosas.

Hoy Sergio Vergara Berdejo -actual Secretario de Cultura Estatal de Puebla- está buscando regresarle a Puebla ese esplendor perdido.

De corazón, espero que lo logre.

De renuncias y austeridades en Cultura Federal

El año está por terminar y el futuro que para el ámbito cultural no parece ser alentador en México.

Hace unos días, renunció la poeta Natalia Toledo a su puesto. Aludió razones personales. Alejandra Frausto comentó que su puesto quedará vacante. 

Dentro de la comunidad artística se afirma que se viene la desaparición de dicha Subsecretaría y que estaríamos ante una especie de desmantelamiento de la Secretaría de Cultura.

Tiempo al tiempo, dicen los sabios.

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