Opinión

El recuento decembrino

Los países más ricos serán los primeros que reciban la vacuna. Las desigualdades ergo siguen vigentes y serán aún mayores si no reconstruimos mejor.
martes, 15 de diciembre de 2020 · 10:09

Twitter: @LaniAnaya

Sin lugar a dudas 2020 ha sido un punto de inflexión para toda la humanidad. La pandemia causada por el COVID-19 ha impactado a todo el globo terrestre: los planes pospuestos o truncados, la pérdida de gente cercana, el desempleo, el distanciamiento social, la salud mental deteriorada, las represiones de los movimientos sociales… esto y más nos ha provocado desear -desde hace varios meses- que este año termine pronto y que el siguiente tenga, en lo posible, menos sorpresas poco gratas.

Aún con este escenario distante de ser halagador, y partiendo desde la óptica cultural, académica, religiosa y familiar en la que me he desarrollado, me parece que debemos cerrar las columnas de opinión 2020 en una reflexión que nos permita recordar los buenos momentos, pero sobre todo algunas lecciones generales que nos deja este singular año

Primeramente, y tal como lo he reiterado en numerosas ocasiones desde marzo, la pandemia no puede ser vista como una crisis aislada; sino como una consecuencia estructural a nivel global. Nuestros patrones de consumo, las desigualdades socioeconómicas,  el poco cuidado de nuestro medio ambiente ya habían anunciado las posibilidades cercanas de que ocurriera una crisis de tales magnitudes; no obstante, el creciente culto a la individualidad y la cada vez más carente solidaridad, nos hacía ver dichas vicisitudes como algo remoto.

La acentuación de las desigualdades son evidentes: este tiempo de pandemia no será vivido de manera igual para quienes no tienen acceso a un aparato digital con internet mediante el cual puedan tomar clases, para quienes han vivido el confinamiento con sus agresores domésticos, para quienes se dedican al comercio informal, quienes viven en zonas sin acceso a sistemas dignos de agua y saneamiento, sin mencionar a las personas que tienen acceso restringido a los servicios de salud o quienes se encuentran en medio de un conflicto armado o en el hacinamiento de un campamento de refugiados. Se tiene que decir que, a pesar de que la pandemia nos ha afectado a todas y a todos, no serán las mismas vivencias.

Parece que este aprendizaje toral de las desigualdades se olvida ahora que surgen las primeras vacunas. Aunque estas presenten los primeros rayos al final de este túnel, los países más ricos así como los actores con mayores privilegios serán los primeros que reciban este tratamiento. Las desigualdades ergo siguen vigentes y serán aún mayores si no reconstruimos mejor.

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