Opinión

Puebla de la Franja: Alegría en medio del desastre y hasta siempre al Diego

jueves, 26 de noviembre de 2020 · 16:42

Twitter: @AlfiePingtajo

¿Por qué te gusta el fútbol?¿Por qué alguien que lee se emociona por un deporte donde participan 22 personas persiguiendo un balón? Otras voces más preparadas tendrán palabras más bellas para explicarlo y seguramente ya lo han hecho: Jorge Valdano, Eduardo Sacheri, Eduardo Galeano, Juan Villoro o Roberto Gómez Junco. Y, sin embargo, me atreveré a exponer mis razones.

Llevo un mes sin empleo y se dio en el marco de una época donde la dinámica del COVID19 me ha causado algunos episodios de depresión y habrá que agregarle que estas fechas de fin de año se me complican; pues tienen la facultad de alegrarme y deprimirme a gran escala. Me cuesta controlar el golpe.

En medio de todo esto, el domingo pasado el equipo de mi alma: Puebla de la Franja, el único por el cual todo lo demás deja de importarme, me dio la satisfacción de verlos empatar un partido que parecía imposible y en tanda de penales sacar la clasificación a la liguilla del fútbol mexicano. Ver a mi equipo lograr algo contra todo pronóstico, a base de corazón y garra, me arrancó una sonrisa de satisfacción y me otorgó una sensación de calma. Las cosas buenas y los malos ratos llegan en el momento preciso y con algún objetivo. Nada es casualidad, toda acción viene acompañada de una reacción. Mañana mi equipo se estará jugando el pase a la semifinal y yo pendiente de la transmisión, sintiéndome un jugador más y esperanzado en, junto con ellos, lograr la hazaña y acercarnos a la final. Existe la posibilidad de perder, es parte del fútbol y de la vida. Y como todo, hay formas de vivir y jugar más allá de la estrategia, y mientras esas formas vengan cargadas de amor propio, garra y pasión, entonces el camino recorrido habrá valido la pena y uno podrá ir por el mundo con la cabeza en alto.

Por eso y muchas razones más, el fútbol es una de mis pasiones. El fútbol representa ese salvavidas que te avientan en medio del mar en el momento en el que presientes que tu vida está por llegar a su fin.

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El pasado miércoles inició con una noticia muy triste para los aficionados al fútbol: murió Diego Armando Maradona, el D10s de las canchas.

El Diego fue un jugador extraordinario. Muchos profesionales de la pelota y narradores del deporte más democrático del mundo, han coincidido en definir al Diego como el “artista de la cancha” o “poeta del césped”.

Mauricio Mejía evoca al Diego de una forma maravillosa:

Sin embargo, el legado futbolero del Diego se ha visto manchado por su némesis: Maradona, quien se caracterizó por llevar una vida de excesos. Habitó al más profundo de los infiernos: las drogas. La suma de los personajes es resumida poética y acertadamente por Roberto Gómez Junco:

La muerte de Maradona fue como sus últimos años: polémica. Hay voces que apelan al “artista de la cancha” y otras que exigen no se le reconozca nada bueno, pues fue un violentador de mujeres. En ese contexto, me gusta la forma en que Genaro Lozano habló de Maradona:

El mismo Maradona, ante una Bombonera llena, exclamó a su pueblo argentino y al mundo entero:

Diego fue víctima de Maradona, probablemente, sin embargo, su legado pambolero está allí y no tiene por qué ser olvidado o ignorado.

Para cerrar, vale la pena citar al gran Jorge Valdano[1]. Ha escrito un texto preciso que busca poner las cosas en el lugar correcto:

“Aquellos que arrugan el rostro pensando en el último Maradona, con dificultades para caminar, problemas para vocalizar, abrazando a Maduro y haciendo de su vida lo que le daba la gana, harán bien en abandonar esta despedida que abrazará al genio y absolverá al hombre. No van a encontrar un solo reproche, porque el futbolista no tenía defectos y el hombre fue una víctima. ¿De quién? De mí o de usted, por ejemplo, que seguramente en algún momento lo elogiamos sin piedad.

(…) En ningún lugar fue tan feliz como dentro de una cancha. Ahí tenía una cita con su amor, la pelota, pero también un dominio espectacular de la escena, como si no se sintiera parte de un equipo, sino único. Como un roquero enloqueciendo a la multitud, antes que un futbolista. La seguridad que tenía con la pelota y la superioridad abusiva de su juego, la fue incorporando a su mentalidad hasta que llegó el día fatídico en que el personaje superó a la persona. Era distinto, se sentía distinto y actuaba distinto.”

Hasta siempre Diego y que descanse Maradona.

Epílogo: Bien haríamos como humanos entender que ninguno de nosotros está listo ni hecho para vivir una vida de elogios excesivos, ni nadie merece ser elevado a un nivel casi divino. Todos, los que habitaron el mundo y los aún andamos por éste, estamos hechos de momentos lúcidos y otros muy críticos y nada plausibles. Ojalá terminemos con la costumbre de seguir construyendo héroes de oro, plata o bronce y comencemos a reconocer la existencia del otro: aplaudiendo lo bueno y teniendo la capacidad para criticar lo malo y deplorable.

[1] https://elpais.com/deportes/2020-11-25/adios-a-diego-y-adios-a-maradona.html?outputType=amp&utm_source=Twitter&ssm=TW_CM&__twitter_impression=true

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