Opinión

Subcontratación y fraude a la ley

miércoles, 25 de noviembre de 2020 · 12:20

Twitter: @AnaCecilia_Rdz

No podemos decirlo con pinzas: es indignante la vehemencia con la que ciertos actores políticos y económicos defienden la precariedad laboral, el fraude a la ley y la explotación de los trabajadores. Es en primer lugar un tema de lenguaje internalizado, pues siguen hablando de axiomas económicos que han fracasado, como si la historia les hubiera dado la razón, y no una paliza. Eliminar el outsourcinginhibirá la inversión”, “disminuirá la competitividad” y “reducirá las utilidades. Y lo dicen sin filtros, sin seudónimos, lo que evidencia una cosmovisión cruel y sincera, irreflexiva.

Lo de menos es que la reforma legal que se discutirá los próximos días no diga lo que ellos creen. No elimina los servicios especializados sino que exige su comprobación. No impide la subcontratación sino que la regula para que alguien (quien deba) manifieste con veracidad sus obligaciones laborales y de seguridad social, amén de sus responsabilidades fiscales. Es decir, esta reforma va contra el fraude a la ley, que en diversos ámbitos, permite la subcontratación con lagunas normativas, no contra la figura en sí misma.

Lo que más me causa perplejidad, es la lógica bajo la cual defienden que las cosas sigan como están. Más que una argumentación, es una confesión. Quiere decir que los empresarios que temen la reforma basan su modelo de negocios, su competitividad y rentabilidad, en simular contratos de trabajo, negar derechos laborales a los trabajadores, sub-registrar su nómina e impedir el reparto de utilidades a quienes verdaderamente las generaron. Esto es lamentable, y el hecho de que no lo noten, es peor.

De lado de los legisladores más duros, también hay un tema que deben tener presente, y es que el populismo punitivo nunca ha resuelto nada en ningún lado. Endurecer las penas o criminalizar conductas sin tener en cuenta las capacidades reales del sistema de procuración y administración de justicia, no reduce las conductas indeseables, simplemente las sofistica o las desplaza. El pueblo requiere menos patrones abusivos, no más verificadores y abogados corruptos capaces de mantener la simulación.

Cuando se revisan los números, además, resulta que son las empresas grandes las que más usan la figura, puesto que los micro negocios, que comprenden más del 90% del total de la empresas en México, no tienen siquiera al 10% de sus empleados en outsourcing (me refiero, obviamente, a micro negocios formales). Propongo algo muy modesto pero creo que indispensable en el espacio de parlamento abierto que habrá los próximos días: primero, dejar claro lo que se está discutiendo, sin tremendismos. Si la iniciativa no prohíbe la subcontratación, no hay porqué decirlo, pues sólo abona a la polarización y la incomprensión del tema. Segundo, si hay incentivos para defenderla, o para suprimirla, que las partes interesadas los pongan de manera transparente, para que la ponderación de bienes jurídicos y económicos pueda ser racional y abierta. Y tercero, ver a largo plazo. ¿Cuáles de los países con un mercado laboral saludable y digno tienen los niveles de subcontratación e informalidad que tiene México? Exacto, ninguno, y por eso aquí también se juega el futuro.

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