Opinión

Los millennials y la vivienda

lunes, 23 de noviembre de 2020 · 12:31

Twitter: @IsraelGnDelgado

La generación X y los millennials empezamos la relación con el pie izquierdo. La primera (de la que yo soy parte) los confundimos con centennials, o los estereotipamos como el colaborador joven y holgazán que tenemos en la oficina, y que estudió una de esas carreras que más bien son una segunda preparatoria, y son expertos en hacer cosas que la computadora ahora hace sola. Los segundos nunca han sabido distinguirnos de los boomers, ni del abuelo imbécil que siempre tiene  una respuesta rápida y errónea para todas las preguntas de la vida. Lo malo es que nada de eso es cierto, y de hecho unos y otros nos parecemos bastante. Más concretamente, los últimos Gen -X y los primeros millennials somos indistinguibles, y los de en medio son una versión nuestra con mayor facilidad para usar los teléfonos inteligentes, que hacen lo mismo que nosotros pero ganando mucho menos.

Por eso me da tristeza que, según las últimas cifras (de varias fuentes privadas como plataformas de renta e inmobiliarias), más del 40% de esa generación ha tenido que regresar a la casa de sus padres, por la crisis económica derivada de la pandemia. Los detalles sólo empeoran la fotografía, pues resulta que muchos de ellos vivían con múltiples compañeros de cuarto a los que odian, pero sólo de esa manera sacaban los gastos. Ahora ni así. Sostengo que la idea de que los millennials no quieren echar raíces, al menos en parte, es un prejuicio de quienes los contratan (o no los contratan), pero también se debe a ciertos factores estructurales: de entrada, casi ninguno es sujeto de crédito hipotecario; desde que entraron a trabajar, lo hicieron en el auge del outsourcing, y normalizaron ese esquema laboral. Los patrones les concedían pequeñas prebendas de horario a cambio de que renunciaran a prestaciones laborales o de seguridad social, y los jóvenes adultos las aceptaron. No importaba la pensión o el seguro médico, sí se podían ir de viaje cada año, en lo que “se renovaba su contrato”. Además, en ciudades altamente gentrificadas, como la CDMX, la única manera de adquirir un vivienda ahora es tener la propiedad de una vivienda previa, o sacrificar todo el ingreso de tu vida laboral para terminar con un departamento que algún día fue chic, sin plan de retiro ni pensión.

No todo son malas noticias. Resulta que, según una nota de El Financiero, los millennials participaron con más del 50% por ciento de la obtención de financiamientos para la compra de una vivienda en 2020. Pienso que esto se debe a dos causas: la primera, franca desesperación del mercado para reactivar la economía. Estamos en el inicio, seguramente, de una nueva crisis de créditos sub prime, pues los jóvenes no se volvieron sujetos de crédito confiables de un día para otro; la segunda, que ellos siempre han trabajado en casa, pero su espacio vital incluía también el parque de enfrente, el Starbucks de la esquina y lugares semejantes. Cuando ocurre el gran confinamiento, ellos quedan, literalmente, atrapados en cuartos de 2x2 con cuatro roomates. Ahora buscan expandir su espacio vital a prueba de confinamientos sin importar el costo. No parece una mala idea, para nadie. ¿Podrá el mercado laboral darles la estabilidad necesaria para pagar sus hipotecas? Ojalá que sí.

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