Opinión

Las venas siguen abiertas, pero el corazón late más fuerte que nunca

martes, 17 de noviembre de 2020 · 17:59

Twitter: @LaniAnaya

Una de las latinoamericanistas que más admiro, Natalia Saltalamachia comentó recientemente algo atinado sobre nuestra región “hay que estar siempre alerta al próximo fuego que se va a prender en alguna de nuestras praderas”. El “incendio” de las últimas semanas ha ocurrido en Perú, país que este lunes ha quedado sin un presidente de facto que duró 5 días en el poder. Muy pocos países reconocieron ese cargo, puesto que las tensiones sociopolíticas llevan días en escala y muchos más años en periodo de gestación.

Hasta el 9 de noviembre pasado, Martín Vizcarra, estaba como presidente de este país. Sin embargo, el Congreso lo relevó de su cargo debido a las reformas anticorrupción que proponía. La decisión tomada por un congreso -caracterizado por estar bajo investigación relacionada con este mal- ha ido encima del proceso y la constitución nacional. La ciudadanía peruana no se ha quedado callada y ha salido a protestar por las existentes crisis sanitarias, económicas y políticas, a lo que se ha respondido con el uso desmedido de la fuerza. Los medios nacionales han mantenido su distancia; no obstante las redes sociales han visibilizado esta situación.

Este movimiento de la sociedad peruana no es el único que se ha despertado en la región de las venas abiertas. Tan sólo hace algunas semanas Chile demostraba la capacidad de la sociedad para una constitución una convención constitucional paritaria en medio de la represión. Ambos casos demuestran que las sociedades latinoamericanas van más allá de ser resilientes; mostramos el hartazgo social, sí, y soñamos con un cambio de raíz.

Una de las cuestiones pendientes es cómo lograr cicatrizar la corrupción, y el poder de ciertas élites para lograr estabilidad estructural que lleve a una paz y desarrollo sostenibles. Desde los estudios de paz y conflicto, las dinámicas latinoamericanas, pocas veces obedecen a los marcos teóricos-conceptuales dictados por la región occidental. Las causas de las tensiones obedecen a tensiones multifactoriales que se deben seguir construyendo desde la narrativa latinoamericana en la que la sociedad tiene un gran rol en la transformación del andamiaje democrático existente.

Si bien la crisis sanitaria existe, los movimientos sociales en la región y a nivel global que se han desarrollado en este 2020 muestran algo que he repetido en varias ocasiones: la pandemia no es un hecho aislado, sino un punto de inflexión que revela y profundiza las desigualdades y problemáticas que ya se vivían con anterioridad. Perú hoy nos demuestra que la sociedad resiste, incluso en tiempos de desangre sociopolítico, sanitario y económico.

El punto aquí es ¿cómo detener las hemorragias? Es una respuesta que en definitiva requiere de más estudio, inclusión, paz y justicia, instituciones democráticas y mayores elementos que rebasan esta columna. Hoy, no obstante, resalta la siguiente evidencia: aunque nos abran las venas, el corazón de de la región late más fuerte que nunca.

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