Opinión

2021: las sumas que restan

martes, 17 de noviembre de 2020 · 18:27

Twitter: @YessUrbina

De frente a las elecciones de 2021 y tras las recientes en tres entidades, podemos decir que no hay nada seguro, si a eso sumamos la incertidumbre derivada de la emergencia sanitaria en la que seguimos, el panorama es incierto y nos obliga a reflexionar sobre nuestro futuro inmediato.

Empecemos por señalar, con todas sus letras, la ineficacia del gobierno para enfrentar la crisis derivada de la pandemia, no solamente se agudizaron las consecuencias de la desigualdad sistemática en la que vivimos hace décadas y no ha podido disminuirse en la presente administración, sino que también dejó a la vista el actuar de tomadores de decisiones, que lejos de poner en marcha acciones que mitigaran los efectos, pretenden hacernos creer que la situación ha vuelto a la normalidad, dejando en el olvido la magnitud de las afectaciones para millones de familias. Tan solo en la Ciudad de México se reportó que 32,500 negocios quebraron, ahora imaginemos eso a escala nacional, los estragos son devastadores y no han terminado.

Las consecuencias de la indolencia y la irresponsabilidad de nuestros representantes también podemos verla en la atención a las personas damnificadas por las inundaciones en Tabasco, tras la desaparición de los fideicomisos, el apoyo gubernamental no ha sido comunicado de forma clara, salvo las solicitudes de donaciones ciudadanas que, como siempre, logran dar un respiro en medio de la emergencia y la tragedia que se vive de forma anticipada en una entidad que ha presentado este problema desde tiempos remotos y no ha tenido mejora o prevención alguna.

En medio de todas estas tragedias, sin dejar de lado el aumento en los índices de violencia y la disputa por los recortes presupuestales, encontramos a las fuerzas políticas del país concentradas en quien ostentará el poder el siguiente año. Es vergonzoso, por decir lo menos, ver al PRI, PAN y PRD sumarse a una iniciativa como Sí por México integrada por las élites y organizaciones antiderechos que durante décadas tuvieron la oportunidad de hacer algo por el país y que hasta que ven amenazados sus privilegios, deciden actuar bajo premisas en las que nadie puede estar en contra ideológicamente, pero que al llevarlas a la práctica es totalmente distinto.

El fortalecimiento de la democracia a través del combate a la desigualdad y la corrupción, el acceso a la justicia, a educación y a un medio ambiente sano, así como la pugna por un país donde exista verdadera igualdad y mucho más es a lo que aspiramos y lo que buscamos construir, no podemos negarlo, pero cuando esta bandera la portan personajes que han podido hacer mucho y decidieron no hacer nada en el pasado, la legitimidad se desvanece y la memoria histórica nos exige hacer un recuento sobre lo que ha sido, lo que es y lo que será en el corto plazo. Es decir, más de lo mismo.

Lo que resulta peligroso es el poder económico que tienen y los recursos a los que pueden acceder a través de él sin ofrecer nada nuevo ni nada constructivo, más que la vulgar aspiración al poder que perdieron tras demostrar que sus gestiones fueron ineficaces y muy lejos de la justicia social que dicen priorizar. Es necesario replantear la forma de organización colectiva a sumas que realmente sumen y no resten, que un puñado de impresentables quieran venir a adueñarse de una lucha cuando se ven afectados no los legitima ni brinda confianza alguna.

Como ciudadanía nos toca exigir y articular una oposición legítima y congruente, que atienda a la lucha por justicia social sobre la ambición del poder. Aunque estos lugares sean un vehículo innegable para transformar, tampoco podemos despreciar todo lo que puede lograrse desde la exigencia colectiva por la garantía de nuestros derechos y el poder democrático que tenemos a través de nuestro voto.

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