Opinión

El fenómeno democrático chileno: ¿un buen presagio para LATAM?

jueves, 29 de octubre de 2020 · 09:41

Por Andrea Navarro
Twitter: @andie_nr

A poco más de un año del estallido de las protestas sociales en Chile, el pasado 25 de octubre tuvo lugar el más grande logro de la sociedad chilena en este siglo: la aprobación por mayoría ciudadana de un plebiscito para la creación de una nueva constitución.

Podría decirse que esta victoria es solo un primer paso para un nuevo modelo de democracia no solo a nivel nacional, sino en toda la región. Pero, ¿qué significa este hito histórico tanto para Chile como para Latinoamérica?

Si bien Chile ha sido un gran ejemplo en cambios políticos y económicos (necesarios y adecuados a la época) para toda LATAM, al interior de este país su sociedad no compartía ese sentimiento de “admiración” y, por el contrario, con cada nuevo partido, reforma y cambio de gabinete los y las chileno(a)s se sentían en una “involución” nacional.

Muestra de ello es que, desde la caída de la dictadura de Augusto Pinochet y sobre todo por la falta de adecuaciones a la constitución que este mismo personaje heredó a los chilenos en 1980, continuaron un sinfín de acciones que atentaban contra los derechos humanos de la población. Y claramente esto se vio reflejado en cada una de las protestas sociales en los últimos 40 años, pues los manifestantes que gritaban su inconformidad en las calles -ya sea para reclamar salarios justos, o más y mejores empleos, acceso oportuno y de calidad a servicios de salud y educación, entre otras-, eran recibidos con represiones policiales y atentados físicos por parte del gobierno chileno (como lo han hecho la mayoría de los gobiernos latinoamericanos) para –supuestamente- “reestablecer el orden público”.

Y ¿cuál ha sido el resultado de esas acciones que eran respaldadas incluso en su constitución? Pues bien, el aumento en la movilización y organización de la sociedad inconforme con el statu quo, que en lugar de apagarse por miedo a ser parte de los más de 3,000 muertos/desaparecidos y de las casi 40,000 víctimas de violencia política (BBC, 2020), sumaron esfuerzos para exponer los verdaderos problemas al interior de su país.

Con la aprobación de un plebiscito por más del 78% de lo(a)s votantes, y que además pretende iniciar desde cero, Chile apuesta por un modelo democrático equitativo e igualitario, pues hasta hoy es el único caso en el mundo donde una Constitución incluirá la participación de hombres y de mujeres por igual, así como la inclusión de minorías vulnerables como los pueblos indígenas, y que además cuenta con un fuerte respaldo popular.

La nueva constitución de Chile refleja la suma de esfuerzos colectivos entre generaciones (desde quienes presenciaron las represiones de Pinochet hasta las de Sebastián Piñera), que además le han apostado a la inclusión y a la equidad de género, poniendo el buen ejemplo para el resto de sociedades que aún no ven materializados sus reclamos sin bajar la guardia y pese a las represiones policiales (tal es el caso de Brasil, Bolivia, e incluso Perú y México). Además, ni la pandemia por COVID19 ni la politización por parte del gobierno y partidos políticos de estos reclamos sociales, frenaron el esfuerzo chileno para legitimar sus necesidades e iniciar la década con un buen presagio de cambio.

Es así que lo que inició con el estallido de las protestas en Chile el 18 de octubre de 2019, hoy recoge su primer gran fruto para cambiar el rumbo del país, y muy probablemente de la región; pues el sueño dorado de toda sociedad organizada en LATAM es incidir y cambiar la historia, pero para un bien común y orientado hacia el futuro.

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