Sensibilidad y empatia para entender la migración

jueves, 27 de junio de 2019 · 08:01
Twitter: @Manuel_JafetPV  “Nadie pone a su hijo en un barco salvo que el agua sea más segura que la tierra”. - Warsan Shire El 2 de septiembre de 2015 la fotografía de la reportera Nilufer Demir dio la vuelta al mundo. El cuerpo de un niño sirio de tres años, Aylan Kurdi, yacía inerte sobre la playa. Las olas lo habían llevado a la orilla de las costas de Lesbos, después del naufragio de una embarcación con migrantes. [caption id="attachment_58489" align="aligncenter" width="718"] Fuente: Nilufer Demir / Reuters[/caption] La imagen no tardo en volverse viral y recorrer el mundo. Las malas noticias siempre viajan a mayor velocidad. Los países desarrollados de Europa no estaban atendiendo adecuadamente la crisis de refugiados sirios. Los posicionamientos políticos siguieron a la conmoción suscitada. A las pocas horas ya habían reaccionado activistas, analistas políticos y líderes mundiales.
Sin embargo, poco cambió pese a los compromisos políticos e institucionales.
El número de menores fallecidos se multiplicó de forma escandalosa, durante el otoño y el invierno, en intentos por llegar a Grecia. Al mismo tiempo que las fronteras continuaron cerrándose.
Más de tres años han transcurrido desde ese entonces, la migración hacia Europa no ha dado cesado.
De sobra está ahondar en la coyuntura suscitada entre México y los Estados Unidos por la crisis de aranceles. El Gobierno mexicano sorteó su primera crisis internacional, mientras que Donald Trump daba el banderazo de salida a su carrera por la reelección. El acuerdo con Estados Unidos obliga a México a limitar, aún más, el paso de migrantes centroamericanos pese a que en los últimos años ya había deportado mas ciudadanos del triángulo norte que el propio Estados Unidos. Tan solo en 2017, México había deportado a 95 mil personas del Salvador, Guatemala y Honduras. Estados Unidos deportó a 74 mil . Entre 2002 y 2017, la cifra de deportaciones fue de casi 1,9 millones de personas de estos tres países, mientras que Estados Unidos deportó a 1,1 millones.
La recién creada Guardia Nacional sería el cuerpo policiaco encargado de limitar el flujo de migrantes.
A la frontera sur se enviarían 6 mil elementos para frenar su paso. Medida provisional en tanto se construyen capacidades institucionales, e infraestructura, para que el tránsito de migrantes fuera regulado. Paso poco tiempo para que fotografías sobre el actuar de la GN recorrieran las redes sociales y medios de comunicación nacionales e internacionales.
El fin de semana pasado se captó la separación de una familia de inmigrantes por parte de elementos mexicanos.
Aún no se asimilaba que México ahora separa familias. En décadas pasadas había permitido que refugiados y perseguidos se reencontraran con sus seres queridos. Cuando el lunes empezó a circular la fotografía de los cuerpos de un hombre salvadoreño y su hija, murieron ahogados al intentar cruzar el río Bravo para llegar a Estados Unidos. [caption id="attachment_58490" align="aligncenter" width="600"] Foto: Stringer, Reuters[/caption] No hay forma sencilla de atender la migración, incluso es un fenómeno complicado de explicar, que no puede detenerse únicamente cerrando fronteras. Para comprenderlo, las cifras se quedan cortas y se hace necesario apelar a la empatía y humanidad.
“Nadie deja su hogar salvo que su hogar sea la boca de un tiburón. He ido cargando con el viejo himno en mi boca durante tanto tiempo que no hay espacio para otra canción, otra lengua u otro idioma.”
-Recita el poema de Warsan Shire. El Gobierno mexicano tuvo un acierto al entender y destinar recursos para el desarrollo de la región que comprende el triángulo norte. El reto que sigue, y al que debemos de abocarnos, es la construcción de capacidades para regular la migración respetando nuestros compromisos internacionales y nuestra normativa interna de refugio y libertad de tránsito. Solo así evitaremos normalizar las muertes de seres humanos que solo buscan una mejor realidad.