Marx y la felicidad

viernes, 5 de abril de 2019 · 08:01
Twitter: @HadaCosquillas  Hace algunos años por ahí del siglo XIX la felicidad se buscaba dentro del marco histórico fundamentalmente religioso pero llegó Marx y entonces planteó el hecho de lograr la felicidad y la redención en el trabajo. Aunque era ateo, sigue reproduciendo el patrón religioso, prometiendo la salvación aunque la describa en el lenguaje y la ciencia. Su filosofía aportaba contenido y significado al hombre de un modo que la mayoría de las filosofías surgidas en la Ilustración no podían hacerlo. Podríamos reconocer en el pensamiento marxista un principio cristiano de la gratificación retardada: sufre (trabaja duro) ahora y tu recompensa revolotea ante ti  bajo la forma de una lejana utopía.
De modo parecido, el proletariado es la figura de Cristo, el cual, debe soportar la carga de la humanidad para convertirse en el glorioso salvador apocalíptico del futuro.
[caption id="attachment_44670" align="aligncenter" width="600"] Fuente: dw.com[/caption] La atención ha pasado de la simple “felicidad” al concepto más significativo de valor, en un intento de conciliar la alienación que Marx consideraba existía entre hombre y Dios, su obra y su prójimo. En lugar de buscar la trascendencia a través de un viaje hacia el yo, la idea misma del yo, se consideraba peligrosa, ya que implicaba nociones de propiedad. El yo se sublimaba en la idea de comunidad. Para Marx una sociedad burguesa aleja a la clase obrera de la recompensa y le arrebata su humanidad por lo cual, los socialistas de la época reivindicaron las condiciones de trabajo y el centro de Marx era la liberación de la alienación, la clase marginada debía ser consciente de su situación y de su potencial para levantarse a una revolución. Una idea importante surgida de Marx es la siguiente: considerábamos el trabajo como una actividad que supuestamente tenía que dotarnos de felicidad y de un sentimiento de humanidad. Se trataba en su época de un concepto nuevo aunque surgió como reacción al capitalismo no hay duda que ahora es parte del credo capitalista. ¿Cuántos de nosotros hablamos hoy orgullosos de trabajar sin parar como si esto fuese digno de admiración? ¿Cuántos no se identifican con su trabajo más que con cualquier otra cosa en su vida?
Hoy día, ser infeliz en el trabajo se considera como si se hubiese tomado el camino erróneo.
El trabajo ya no es un medio para un fin como antes de la Ilustración, ahora el trabajo es una fuente de felicidad. Disfrutar del trabajo y extraer de él un sentimiento de realización resulta tan evidente que resulta absurdo que no lo sea. Sin duda resulta de beneficio encontrar un trabajo que nos proporcione placer. Sin embargo, esto tiene un lado débil y riesgoso y es que en el momento que esperamos hacer lo que nos gusta para ganarnos la vida, sino se logra, inmediatamente, se genera un sentimiento de fracaso y créanme que muchas personas no tienen la suerte de hacer lo que les gusta. Cuando conocemos a alguien lo más común que se pregunta es ¿a qué te dedicas? Lo que significa realmente es ¿cómo te ganas la vida? Pues estamos acostumbrados a ser juzgados en función de nuestro trabajo. ¿Podría alguien tener un trabajo que le resulte indiferente con tal de tener más tiempo libre y unos ingresos adecuados para abocarse realmente a sus intereses? Posiblemente haya muchas personas que optan por eso y no necesariamente el trabajo les define como personas. Definitivamente, es una ventaja maravillosa hacer lo que a uno le gusta pero no es necesario pues nuestra felicidad no debe depender sólo de nuestra realidad laboral pues lo más importante es que sepamos gestionar las dificultades y decepciones de la vida y el trabajo, sin crear una estela romanticista en torno a la perfección del trabajo pues resulta tan falaz como la idea de una pareja perfecta porque de lo contrario, el riesgo que se corre es que si no te sientes feliz en el trabajo o sientes que no estás en el trabajo perfecto entonces eres un fracaso. Aquí el quid está no en el trabajo sino en cómo se relaciona uno con él. Por eso me llevo mejor con Shopenhauer quien atribuía más valor a lo que hace uno en el tiempo libre. Puede que la felicidad no se encuentre propiamente en el trabajo sino en lo que hacemos con el resto de nuestro tiempo, puede que nos identifiquemos más con nuestro hobby o puede que encontremos un goce en un trabajo diferente, esto, es cuestión de enfoques mas no de reglas. No dudo que el marxismo haya surgido como un antídoto contra las desigualdades materiales de la economía moderna, sin embargo, como religión sustituta de esos tiempos en el mejor de los casos, solamente podría satisfacer una idea de trascendencia pues en la práctica se depende de la opresión para poder aplicar la ideologías. Mientras tanto, dejemos de hacer la pregunta odiosa a la gente de qué hace para ganarse la vida y admitamos lo absurda y desalentadora que podría resultar.  

Otras Noticias