El derrame de sangre en la Cuarta Transformación

martes, 23 de abril de 2019 · 08:10
Twitter: @YessUrbina  El pasado 19 de abril, un grupo de hombres armados irrumpió en una fiesta en Minatitlán, Veracruz dejando un saldo de 13 muertos, entre ellos un bebé de apenas un año de edad. Esto dio pie a fuertes cuestionamientos sobre el estado de inseguridad en que vivimos actualmente en cada rincón del país hasta convertirse en una guerra virtual dejando a la vista, una vez más, la gran polarización de la que también somos víctimas…y provocadores. Más allá de los 'tuitazos' y de discutir si Andrés Manuel debe renunciar o si es imposible combatir la delincuencia con apenas cinco meses de gobierno, hay una realidad innegable. En los tres primeros meses del 2019 fueron asesinadas 8 mil 943 personas dando como resultado el trimestre más violento del que se tenga registro. El presidente tendrá unos datos, Jorge Ramos otros, pero las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública no mienten. Esa es la realidad que enfrentamos y que nos está rebasando día tras día. Si bien, somos testigos de que el problema de seguridad no es reciente y que incluso ha ido empeorando los últimos años, también sabemos que la inseguridad ha aumentado con el nuevo gobierno y aún no hay una estrategia que demuestre ser efectiva ni tampoco basarse en la realidad que nos aqueja en nuestra cotidianidad. Y es que la guerra contra el narco no ha terminado, la ola de inseguridad y violencia tampoco y la Guardia Nacional, con la misma estrategia caduca y fallida, desafortunadamente, no logrará enfrentar la magnitud que la inseguridad y el crimen organizado conllevan. De entrada, lamento profundamente el silencio inmediato ante el espantoso suceso en Minatitlán, tanto del presidente como de la Secretaria de Gobierno, eso refleja la indolencia gubernamental de la que nos hartamos 30 millones de mexicanos que salimos a votar el pasado 1 de julio, convencidos de la necesidad de un cambio, de una esperanza que transformara la realidad, que entregue justicia social. No podemos esperar a un evento público para una declaración oficial, tomando en cuenta que la única comunicación del presidente después del incidente, vía redes sociales no tuvo nada que ver con el mismo, pero si en un recordatorio más de lo que heredó el actual gobierno y dando paso a la polarización, una vez más. Por otro lado, a cinco meses de gobierno, no podemos esperar que el problema de inseguridad deje de existir, pero tampoco podemos seguir en la misma línea de que “apenas van comenzando”. Cuentan con gobiernos estatales, municipales, mayorías en Congresos locales y, sobre todo con la mayoría en ambas Cámaras y...
El Poder Ejecutivo que marca agenda todos los días con declaraciones lejanas a la realidad que vivimos millones que votamos por él.
No podemos seguir viendo a un presidente que no se asume como tal, pareciera que Andrés Manuel olvida a ratos que es la máxima figura de poder en el país y se asume como un eterno candidato que necesita seguir polarizando y haciendo leña de los problemas que ahora suceden en su gobierno. Que diferente es criticar desde afuera, pero más difícil es tener la posibilidad de transformar y demostrar que si se puede cambiar con voluntad política y seguir en la misma línea de indolencia e ineptitud gubernamental.
A cinco meses de gobierno, la Cuarta Transformación no ha sido capaz de reducir, o al menos mantener, los índices de violencia.
Al contrario, se ha recalcado una y otra vez que los problemas del pasado ya no son un dolor de cabeza para este gobierno porque mágicamente se resolvieron con la entrada de Andrés Manuel. ¡Sorpresa! Eso no ha sucedido y todavía estamos bastante lejos de vivirlo. Si nuestro gobierno se dice honesto, le creo, pero necesito pruebas. Quiero un gobierno consciente de los problemas gigantescos que se heredaron de administraciones pasadas y eficaz en las estrategias que pondrá en marcha para enfrentarlos. Un gobierno que busque menos balazos y más abrazos, más justicia social y menos desigualdad. Un gobierno de más acciones y menos palabras que se refleje en una sociedad crítica y responsable. Es trabajo de todos, no solo de unos cuantos.  

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