Decisiones transformadoras e incertidumbre esperanzadora

jueves, 28 de marzo de 2019 · 08:01
Twitter: @bryanlechuga_ Formar parte de la Cuarta Transformación es como subirse a una montaña rusa. Hay momentos hilarantes, momentos de incertidumbre, momentos de gozo, momentos de ansiedad. Vivimos en medio de una vorágine donde cuesta trabajo distinguir lo ocurrente de lo trascendente, lo que será verdaderamente transformador y lo que es meramente aquello que pasó por la cabeza de alguien ese día. Vivimos la combinación cotidiana de sentimientos encontrados: el entusiasmo, la duda, el aplauso, la crítica. A veces el carrito va en ascenso, produciendo algarabía, a veces el carrito va en picada, produciendo zozobra. Difícil no contrastar el entusiasmo que acompaña lo que ha sucedido y la posibilidad de nuevas rutas, nuevos destinos, nuevas formas de hacer política. Difícil no entender las expectativas que engendra un cambio necesario, una sacudida imprescindible. La locomotora en la cual viajábamos estaba sucia, oxidada, y había dejado a la mitad de la población atrás. En el vagón de primera clase los privilegiados abusaban; en el vagón de tercera los olvidados padecían o morían. [caption id="attachment_43599" align="aligncenter" width="600"] Fuente: diariobasta.com[/caption] Lo bueno de la Cuarta Transformación deriva de entender las ausencias y los abusos del Estado. Lo mejor de los últimos cien días ha sido el viraje significativo en favor de la paz, en favor de las víctimas, en favor de la verdad. Funcionarias y funcionarios federales presenciando el dolor de quienes siguen en busca de sus desaparecidos o están de luto por sus muertos, Olga Sánchez Cordero hablando de lo que el Estado hizo mal y habrá de reparar. Después de tantos años de indolencia e insensibilidad gubernamental, anima ver a funcionarios que se conmueven ante las lágrimas, en vez de ignorarlas. Después de tantos años de negar la represión y las desapariciones y los feminicidios, alienta saber que ejercen el poder personas conscientes del daño que el Estado deja tras de sí. Eso sí es un cambio; esa sí es una transformación. El gobierno por lo menos hace un esfuerzo por abrir los ojos y mirar al país de frente. Muestra la voluntad de encarar en lugar de tapar. Muestra el deseo real de abatir la violencia en lugar de esconderla. Pero instantes después, el descenso en picada. El vuelco en el estómago. El vértigo que produce contemplar la creación de una Guardia Nacional, híbrida, estéril, sin efectos notables a corto plazo; la pasarela de personas aspirantes a ocupar una posición en el máximo tribunal de la nación, la legitimidad, trayectoria y parcialidad de sus perfiles, y los resultados que ya conocemos, producto todo del voto corporativo de Morena y sus aliados en el Congreso de la Unión. Los vaivenes argumentativos en torno a la visión centralizadora, concentradora del poder, que raya en la perversión e inoperatividad de diversos procesos. Al frente de las dependencias públicas, espacios legislativos y administrativos locales coexiste el idealismo con la ineptitud, la buena fe con la mala información, la honorabilidad con la improvisación, la integridad con la ignorancia, las buenas intenciones con las malas propuestas. Los nuevos presumen su triunfo, pero demuestran un profundo desconocimiento sobre cómo funciona la administración pública, con qué normas se rige, cuáles son los lineamientos constitucionales que definen su proceder. La curva de aprendizaje se presenta empinada y mientras tanto las ocurrencias están generando incertidumbre. Incertidumbre generalizada que abre oportunidades, pero también produce parálisis. Incertidumbre extendida que es señal de remodelación, pero también de desorganización, de apresuramiento, de improvisación. Y de ahí las reacciones divididas ante las primeras etapas de la Cuarta Transformación, apoyada por quienes aman su llegada y denostada por quienes cuestionan su congruencia. Otros ocupamos ese lugar incómodo que intenta acompañar el entusiasmo de lo bueno, señalar el impacto de lo malo, expresar ambivalencia sobre lo preocupante. Habitamos ese sitio dubitativo, donde la máxima es aquella famosa frase de Learned Hand: “El espíritu de la libertad que no está seguro de tener razón”.
Quizás la Cuarta Transformación crea tener razón en todo, pero se vale al menos dudarlo.

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