34 años y los que me faltan todavía...

viernes, 22 de febrero de 2019 · 08:11
Twitter: @AlfiePingtajo  Este texto nació en los minutos previos al 21 de febrero. Fecha clave en mi calendario de vida, pues hace 34 años di el primer chillido. Un amigo muy querido festeja su nacimiento escribiendo un poema. Me gustaría hacer lo mismo, pero la musa poética y este humilde escribidor decidimos, por mutuo acuerdo, darnos un tiempo. Ella anda susurrándole a otros poetas, yo ando seduciendo a la diosa de la gestión cultural (¿existe?). A carencia de verso, acudo al bello ejercicio de escribir columnas; uno de los procesos de escritura que no he abandonado junto con la reseña de libros u obras de teatro, aunque me tomo muchos descansos con dichos procesos. [caption id="attachment_39988" align="aligncenter" width="430"] Fuente: Poematrix[/caption]

Me aburro rápido, me estreso pronto

La disciplina lejos de considerarla una virtud, la veo más como un castigo inquisitorial. Cada año -conforme mi “habitación propia” se llena de libros, boletos y programas de teatro, ópera o conciertos, CD's y DVD's o Blu-Ray's- me pregunto: ¿cómo llegué a este punto? ¿Cómo es que disfruto de igual forma un partido del Puebla o una obra de teatro, gala operística o concierto de música académica? Hace años por diversas razones abandoné la escuela de futbol de la UPAEP y con esto mi sueño de algún día jugar en el Cuauhtémoc con la playera del Puebla. A la par que soñaba con jugar en el Puebla, comenzaba a interesarme en los comentarios que hacían en la televisión Germán Dehesa, Carlos Monsiváis y otros más. Mi extraña pasión por la Historia me hacía ver los programas que llegaban a pasar conducidos por Octavio Paz o Carlos Fuentes, estoy seguro de que entendía poco, pero disfrutaba mucho. Luego vinieron los programas de debate: En Caliente, Zona Abierta y Círculo Rojo. En ese mismo tenor estaba mi extraña fascinación por las telenovelas de temática histórica: El vuelo del águila, La antorcha encendida; pero también las novelas que comenzaba a realizar Argos en la recién creada TvAzteca. Muchos años después comencé a leer la revista Switch, donde conocí la escritura de Xavier Velasco. Poco antes de la aparición de Diablo Guardián llegó a mis manos: Macario de B. Traven, ahí supe que el libro era un gran refugio. Al poco tiempo quise experimentar con la escritura y me inscribí a talleres literarios en la desaparecida Casa del Escritor, ahí conocí a Pedro Ángel Palou García, quien ha sido mi Virgilio en tres caminos: la lectura, la poesía y la gestión cultural. A la par de este andar, Mario Alberto Mejía me abrió paso en esto de escribir columnas de opinión.
A mis 34 años estoy en un lugar distinto al que imaginaba entre mis 6 y 15 años... y -curiosamente- ahora no me puedo imaginar en otro lado.
¿Qué lo originó del todo? No sé. Tal vez mis papás cuando me motivaron a terminar decentemente la primaria a cambio de regalarme la enciclopedia: México a través de los siglos. Quizá fue mi abuela paterna al ponerme a escuchar las recitaciones radiofónicas de Jorge Jiménez Alonso o probablemente mi abuela materna al asegurar que yo podría ser presidente de este país. Conforme me adentré al mundo cultural, comencé a tener un sueño: vivir en el D.F.; el cual cumplí gracias a Moisés Rosas Silva y Joaquín Alonso, quienes me invitaron a unirme a su equipo en el Fonca. Hoy tal vez no seré el próximo Ruiz Esparza del Puebla, pero anhelo ser el próximo Don Pedro Ángel Palou, Pedro Ángel Palou García o Moisés Rosas Silva de la Cultura. No sé cómo voy a llegar, pero algo me dice que ando caminando por los senderos correctos.

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