2019 en América Latina

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Twitter: @AGuerreroMonroy

2019 fue un año complejo para América Latina. Se tuvieron siete procesos electorales que reconfiguraron el mapa político en la región. En febrero fue elegido Nayib Bukele como mandatario de El Salvador. De 37 años y candidato del cambio, el joven dirigente que es fanático de las redes a las que atribuye su ascenso a la presidencia de su país y a través de las cuales llevó a cabo toda su campaña política, es un fiel partidario del uso efectivo de las nuevas plataformas como instrumento para difundir sus ideas políticas. En días pasados reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, dando como origen un cruce de agrios reproches entre él y Maduro en Twitter.

En mayo, los panameños acudieron a las urnas para elegir a Laurentino Cortizo -empresario ganadero a favor del libre mercado y en contra del aborto y matrimonio igualitarion, como presidente de Panamá.  En junio, el tres veces candidato presidencial, Alejandro Giammatei, ganó la presidencia de Guatemala en una campaña en la que apostó por instaurar la pena de muerte para hacer frente al crimen y al narcotráfico en el vecino país. Este cirujano de profesión apuesta por un gobierno de centro derecha con mano dura.

Fuente: Especial

En octubre se tuvieron elecciones tranquilas en Uruguay. El país de Mario Benedetti tiene un comportamiento autónomo en términos político-electorales. Con un padrón de 2 millones de votantes, el candidato Daniel Martínez obtuvo 39% mientras que Luis Lacalle un 28%, lo que los obliga a tener una segunda vuelta electoral el 24 de noviembre al no contar ninguno de los candidatos con una mayoría absoluta de votos emitidos.

La normalidad democrática llegó a Argentina también en octubre. El candidato peronista Alberto Fernández obtuvo un 48.1% de la votación contra un 40.3% del actual presidente Mauricio Macri. Fernández (que tuvo como compañera de fórmula a la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner) ganó en primera vuelta sin necesidad de balotaje. Cabe decir que Macri se mantiene políticamente de pie y con presencia importante de su grupo político en la Cámara de Diputados del país austral. El nuevo inquilino de la Casa Rosada tendrá que hacer frente a una economía en terapia intensiva, con una inflación por encima del 55%, una deuda externa de 100% de su PIB y una carencia total de reservas internacionales.

En Bolivia se vive un melodrama democrático. El país andino -el cual tiene un crecimiento económico del 3.9% al cierre de 2019 (por arriba de sus vecinos Chile o Perú) y con una disminución importante de la pobreza-, vive un clima de tensión política y social con fuertes movilizaciones como resultado de la última contienda electoral. Las protestas buscan la renuncia inmediata del Gobierno y nuevas elecciones, en la que Evo Morales no participe.

Bolivia vive una convulsión que está a la par de las protestas ciudadanas en la región y que afectan a países como Chile, Ecuador, Nicaragua y Venezuela. La elección fue la chispa que encendió la hoguera. Algunos analistas hablan de una Primavera Latinoamericana. Estas manifestaciones, que no son ajenas a las de los chalecos amarillos en Francia, las protestas en Hong-Kong o recientemente las de Líbano, tienen su origen enuna fuerte inconformidad ciudadana bajo un contexto de desaceleración económica. La región crecerá tan solo un 0.2% en 2019, mientras que las economías asiáticas tienen un crecimiento promedio de 5.9% y África un 3.2%.

Para muchos el modelo de desarrollo no está dando los resultados deseados. 1 de cada 10 latinoamericanos vive en pobreza extrema y el fantasma de la desigualdad aparece por las calles de ciudades como Santiago.

Más allá de estas cifras, el promedio de quien considera democrática a América Latina es de 5.4 en una escala de 1 a 10. El único camino es más democracia y un nuevo pacto social, en donde se afronte con políticas públicas innovadoras -a través de mayor empleo y mejor educación- la pobreza en una región históricamente desigual.

 

 

 

 

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