Algo inédito sucede en la iglesia católica de Chile. Los 34 obispos de la Conferencia Episcopal chilena han presentado conjuntamente su renuncia al papa Francisco, luego de que se desatara uno de los casos de encubrimiento de pederastia más grandes del país.
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Todo comenzó por el obispo Juan Barros, quien desde hace años es criticado por la opinión pública de estar al tanto de los abusos sexuales contra menores que cometió el también padre Fernando Karadima durante las décadas de 1980 y 1990.
Karadima fue juzgado por la justicia eclesiástica y civil en junio de 2011, pero Barros, quien era su mano derecha y estaba enterado de estos abusos, pudo seguir su carrera dentro de la Iglesia hasta llegar a ser obispo, siendo protegido por el mismo papa Francisco quien apenas en enero pasado aseguró que Barros no estaba al tanto de esos abusos.
Apenas el pasado abril el papa Francisco admitió sus “graves equivocaciones de valoración” con respecto a Barros.







