Dónde se filmó Comer, rezar, ladrar: los Alpes austriacos y el Tirol
¿Te enamoraste de los paisajes de Comer, rezar, ladrar? Te decimos dónde se filmó la película y las locaciones reales en los Alpes y el Tirol.
Dónde se filmó Comer, rezar, ladrar, película de Netflix
Mayela Martínez··2 min de lectura
La nueva comedia de Netflix, Comer, rezar, ladrar se ha convertido en el fenómeno visual de este 2026. Estrenada el pasado 1 de abril, la cinta de 90 minutos no solo ha conquistado corazones por su historia canina, sino por su espectacular fotografía que rinde homenaje a la naturaleza europea.
Muchos usuarios se preguntan dónde se filmó esta aventura y si esos paisajes de ensueño son reales o producto de la tecnología. La respuesta es que la grabación se realizó íntegramente en escenarios naturales de Austria, convirtiendo a la región en un destino de tendencia.
Locaciones reales de Comer, rezar, ladrar
Las grabaciones principales nos llevan a través de valles profundos y lagos cristalinos que son el escenario del viaje espiritual de los protagonistas.
Publicidad
Los Alpes austriacos
Gran parte de las escenas más icónicas de la película se rodaron en el corazón de los Alpes austriacos. Este sistema montañoso no solo proporcionó el aire de aislamiento y paz que la trama requiere, sino que también sirvió para las secuencias de senderismo donde los perros y sus dueños reconectan con sus instintos. La producción aprovechó la luz natural de las cumbres nevadas para crear una atmósfera de “limpieza emocional”.
El estado de Tirol fue la base principal de las locaciones de Comer, rezar, ladrar. Específicamente, se utilizaron los alrededores de la ciudad de Innsbruck y los valles de Ötztal para las escenas de convivencia en cabañas rústicas. La arquitectura tradicional tirolesa y sus prados alpinos son fácilmente reconocibles en la cinta, aportando ese toque de autenticidad que hace que la grabación se sienta tan orgánica y cercana.
Además de estos puntos principales, el equipo de producción realizó tomas adicionales en el impresionante Lago Plansee, cuyas aguas turquesas se volvieron virales tras el estreno de la cinta.
En Comer, rezar, ladrar también se utilizaron pequeñas aldeas de la frontera con Alemania para las escenas de inicio de la historia, completando así un mapa de filmación que invita a los espectadores a planear su próximo viaje pet-friendly a Europa.