“Si lees un poema no estás buscando palabras sabias, profundas y filosóficas, buscas una emoción humana”, le dijo alguna vez Jaime Sabines a la periodista Pilar Jiménez Trejo.
Y esa fue la característica de su poesía: aunque era sencilla en sus palabras, transmitía profundas emociones a sus fieles seguidores. Tal vez fue por eso que su trabajo marcó a tantos mexicanos.
Según recuerda La Jornada, ese 30 de marzo de 1996, “centenas de jóvenes lo habían (al poeta) esperado más de tres horas” para esucharlo recitar una compilación de todas sus obras en el Palacio de las Bellas Artes.







