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Indígenas mayas cosen de forma minuciosa uniformes de la NASA

Un uniforme de la NASA exige una ejecución en serio perfecta, al grado que ningún hilo debe colgar de la prenda. Porque en ese caso, sería un objeto inútil para la agencia espacial. Sin embargo, desde hace varios meses en Yucatán, confeccionistas de origen maya han llevado a cabo cada una de los requerimientos para hacer batas, camisas, overoles y chamarras para investigadores y científicos de la NASA.

Alisco Promex es una empresa de capital belga que hace 10 meses se asentó en la localidad de Valladolid, a 160 kilómetros de la ciudad de Mérida. Ahí, con un sofisticado equipo, unos 400 empleados mexicanos son la clave en los uniformes de la NASA. En entrevista con el diario El Universal, el director de Alisco, Adrián Carabias, dijo que “la mano de obra de los yucatecos es de mucha calidad”.

María Guadalupe Tamay es una de las primeras costureras de Alisco en hacer uniformes para la NASA. Vía Excélsior.

Los científicos que portan estos uniformes trabajan en áreas reservadas. Según cuenta El Universal, la ropa debe funcionar como una especie de aislante, sin exceso de cargas eléctricas o acumulación de estática. Para esto, la NASA exige que las prendas se elaboradas con cleaning room, una tela con un tejido especializado hecha a base de poliéster sintético y únicamente con 2% de policarbonato, que por lo general, es un material utilizado en áreas con controles de contaminación de partículas y bacterias muy alto. También utilizan otro material conocido como five retardant, una tela capaz de convertirse en cenizas al contacto con el fuego. De acuerdo con Carabias, esta materia prima es costosa y ni siquiera existe en México, por lo que hechar a perder un uniforme no es realmente una opción.

Empleados de la NASA en el montaje del módulo Insight en la basea aérea de Vandenberg, en California. Foto: Daniel Herrera/AP.

A pesar de las exigencias, los empleados parecen felices. “Estoy contenta con lo que estoy realizando, ayudar y enseñar, instruir a todos los que vienen, llegan a cambiar todo”, expresó a Excélsior Lupita, una mujer de origen maya que trabaja como confeccionista de lunes a viernes. Este diario explica que cada fin de semana, estos trabajadores que ganan entre mil 700 pesos semanales, regresan a sus comunidades con el transporte de la empresa. Aunque otros, como Leslie, de 24 años, que en sus días de descanso asiste a cursos de capacitación.

Vía Excélsior.

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