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El asilo de Julian Assange fue una triste y olorosa historia

Foto: Jack Taylor/Getty Images.

Julian Assange fue sacado por la fuerza de la Embajada de Ecuador, en Londres, después de haber permanecido casi 7 años en ese sitio en el que su vida se redujo a un espacio de 300 metros cuadrados.

Y aunque su asilo en ese pequeño espacio sin un lugar para airarse no es ni un poco parecido al infierno al que podría ser enviado, y que es conocido como el ADMAX, la misma prisión de súper máxima seguridad en la que Joaquín El Chapo Gúzman también podría pasar el resto de su vida, los años de Assange en la Embajada de Ecuador son dignos de un thriller de terror. Porque uno podría imaginar que el confinamiento dentro de un apartamento sería tranquilo, pero no. Y ni siquiera para los empleados del lugar.

De acuerdo con la narración de un vigilante de la embajada al diario El País, “los funcionarios y el cuerpo diplomático estaban cansados de reportajes y entrevistas, y de que Assange y su gente usaran la sala de reuniones”. Pero también se quejaban de la falta de aseo del fundador de WikiLeaks, quien el día de su arresto fue descrito como un “mocoso malcriado” por el presidente ecuatoriano Lenin Moreno.

Mientras la embajada gastaba un millón de dólares al año para mantenerlo resguardado, según Vox, su comportamiento era grosero. Hacía que la peste de su habitación se esparciera por todo el sitio; no se bañaba, e incluso se negaba a limpiar y alimentar a su gato James. En una ocasión, cuentan que embarró de caca los muros de la embajada y que llegó a golpearse con el personal de seguridad.

Su forma de matar el tiempo era andando en patineta y golpear un balón por los pasillos de la embajada. También organizaba fiestas, y recibía visitas de famosos como Lady Gaga, el actor John Cusack, Yoko Ono y su hijo Sean Lennon o la diseñadora Vivienne Westwood. Además, los vigilantes aseguran que las entrevistas que Assange daba en televisión, las hacía en calzoncillos.

Sin embargo, para el médico Sean Love, del Centro Médico de Boston, fue la prensa “sensacionalista británica” la que despreciaba la higiene de Assange, al olvidarse de su deterioro físico y psicológico. Describió esta situación mediática como una manera para “degradar su humanidad”.

Mientras que el periodista Charles Glass, quien asegura haberlo visitado constantemente durante todo este tiempo, escribió:

“Abogados, simpatizantes y amigos vinieron para hacerle compañía. John Pilger, algunos otros amigos, y yo le llevamos más de una cena de Navidad. A medida que pasaba cada mes, su piel se ponía más pálida por la falta de luz solar y su salud se deterioraba”, cuenta Glass.

En una de sus tantas visitas, narra Glass, Assange describió su estadía en la Embajada de Rusia como El Show de Truman.